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CIUDAD DE MÉXICO - Mother should I run for president? Mother should I build the wall? Las famosos letras de la canción “Mother” de Pink Floyd fueron coreadas por los 200 mil espectadores que asistieron al concierto que ofreció Roger Waters en el Zócalo capitalino el sábado por la noche.

El sencillo de la legendaria banda inglesa, inspirado en la vida de Waters y la muerte de su padre en la segunda guerra mundial, parecía también hablar sobre los problemas actuales que acechan a México. El roquero usó la canción para denunciar a Donald Trump y el muro que quiere construir en la frontera entre México y Estados Unidos.

“No hay un ellos y nosotros”, dijo Waters durante el concierto. “Derrumba el muro”, espetó.

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Trump y el presidente mexicano Enrique Peña Nieto fueron temas recurrentes en los tres conciertos que Waters ofreció en la Ciudad de México la semana pasada.

Durante su interpretación de “Pigs” se proyectaron imágenes del candidato republicano y la frase “Trump eres un pendejo” en una pantalla enorme en forma de muro sobre el escenario.

El famoso puerco aerostático de los conciertos de Waters también flotaba con nuevas insignias que aludían a la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.

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Entre canciones, Waters leyó una carta en español dirigida al Presidente Peña Nieto en donde denunció la desigualdad, la violencia y los miles de mexicanos que han desaparecido.

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“Señor presidente, la gente está lista para un nuevo comienzo. Es hora de derribar el muro de privilegios que dividen a los ricos de los pobres. Sus políticas han fallado. La guerra no es la solución”, dijo el roquero.

El Zócalo retumbó con gritos de “¡Fuera Peña! ¡Fuera Peña!”.

La frase de protesta “¡Renuncia Ya!” también fue proyectada sobre el escenario.

Waters, conocido por hablar sobre temas políticos en sus conciertos como la guerra en Irak y el conflicto Israel-Palestina, logró cautivar al público mexicano con sus mensajes contra Trump y Peña Nieto.

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“Son muy acertados sus discursos políticos”, me dijo Roberto Trujillo, un fan del vocalista de Pink Floyd que asistió al concierto con su esposa y sus dos hijos. “Lo que dice Waters es un reflejo en el extranjero de lo que realmente pasa en México”.

“Peña Nieto es una persona que todos sabemos que no está capacitada para estar en el puesto en dónde está”, dijo Jenny García, una joven mexicana de 26 años que asistió al concierto. Me platicó que el mensaje de Waters la hizo refleccionar sobre la situación del país. “Es todo un sistema de gobierno que no puedes derrocar tan fácil”, sentenció y subrayó que los problemas van más allá del presidente.

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Otros asistentes optaron por divertirse y no adentrarse demasiado en política.

“¡Vamos a tratar de rockear!”, gritó Moisés Álvarez, un estudiante de sociología de 23 años.

Algunos cuestionaron la decisión de Waters de meterse en la política local.

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A Brenda Vega, una joven de 33 años, se le hizo extraño que los pronunciamientos políticos de Waters hayan sido tolerados cuando otros artistas extranjeros se han metido en problemas por opinar de política al visitar México.

Vega me dijo que el artículo 33 de la Constitución mexicana prohíbe la participación de los extranjeros en la política. En el pasado, el gobierno mexicano incluso ha llegado a deportar a varios activistas extranjeros por meterse en política nacional.

Me platicó sobre el caso del cantautor francés Manu Chao. Supuestamente Chao fue investigado por el gobierno mexicano después de pronunciarse en contra del “terrorismo del estado” en Atenco, un pueblo en el Estado de México que acaparó reflectores por los abusos policiales cometidos contra la población en 2006 cuando Peña Nieto era gobernador de la entidad.

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El concierto de Waters casi coincidió con una fecha simbólica que los asistentes no dejaron pasar desapercibida: el 2 de octubre. El aniversario de la masacre de Tlatelolco en 1968, cuando militares y policías mataron y desaparecieron a cientos de estudiantes que protestaban contra el gobierno del presidente priista Gustavo Díaz Ordaz.

A pesar del simbolismo y los mensajes políticos, varios asistentes opinaron que el concierto terminó por apaciguar a las masas.

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A concluir la noche el público se fue del Zócalo de manera ordenada, la mayoría de la gente se encontraba contenta y cansada después de recorrer el centro a pie para poder ver a un ícono del rock en inglés.

Después de meses de tensión interna y una renovada urgencia por frenar el ascenso de Trump en las encuestas estadounidenses, el concierto de Waters pareció ofrecer un espacio para desahogarse y gozar de la uforia colectiva.