Foto cortesía de la Cámara de Comercio de Bisbee

El Alcalde David Smith lleva viviendo en Bisbee, Arizona, un pueblo minero que está a 20 minutos de la frontera con México, más de 10 años. Para Smith y la mayoría de los residentes de Bisbee, la frontera representa algo más que una línea imaginaria que los separa de dentistas baratos, tequila y tacos. Smith cruza la frontera a menudo para almorzar en uno de sus restaurantes favoritos en Cananea, un pueblo minero en el estado de Sonora. Pero cuando viaja a otras ciudades en Estados Unidos y platica con sus amigos, se da cuenta que la mayoría no tiene idea sobre la vida en la frontera.

“Las personas me dicen, ‘¿No no tienes miedo de los cárteles y de que te secuestren?’”, me platica. “Les trato de decir que es mucho más seguro aquí que en la mayoría de ciudades estadounidenses”.

Advertisement

A los mexicanos también les preocupa la seguridad, dice Smith. “Tienen miedo [de venir aquí] por las noticias sobre las políticas fronterizas del presidente. Unos temen no poder cruzar la frontera de vuelta a México o simplemente no poder entrar a Estados Unidos”.

La prioridad de Smith ha sido luchar contra la información falsa y el miedo que siente la gente. En junio, el pueblo inauguró un evento conocido como “Sonorafest”, una iniciativa binacional que recibe a 48 vendedores y negocios sonorenses para exponer sus productos en Bisbee. El pueblo apostó por el evento y gastó unos $70 mil dólares para organizar y recibir a los sonorenses. Las autoridades cerraron la calle principal del pueblo para la celebración.

Los vendedores alistan sus puestos en Tombstone Canyon durante el Sonorafest. Foto: Breena Kerr

Sonorafest subraya lo que ha sido la verdad por muchos años: el sur de Arizona necesita los negocios mexicanos. Desde los años 70, cuando cerraron las minas del pueblo, Bisbee ha dependido del turismo. Una gran parte de su comercio llega de los mexicanos que son atraídos por su proximidad y sus restaurantes, cervecerías y tiendas.

Advertisement

Muchos estadounidenses cruzan la frontera para visitar la Ciudad de México o las fiestas de Cancún, pero hay muchos más mexicanos que van hacia el norte, gastan dinero y pagan impuestos al comprar en tiendas estadounidenses. Los mexicanos gastan unos $186 millones de dólares al año en el Condado de Cochise –donde está Bisbee– y generan unos 1,500 trabajos. En 2016, los mexicanos gastaron $2.6 mil millones de dólares en el estado de Arizona. El último estudio del departamento de turismo de Arizona muestra que los mexicanos son el grupo de visitantes internacionales que más frecuenta el estado. Los mexicanos cruzaron la frontera de Arizona de manera legal 24 millones de veces el año pasado. Eso casi representa el total de estadounidenses que visitaron México en 2015.

Son cifras que la Casa Blanca todavía no ha reconocido. Trump llegó al poder con una agenda antimigratoria y se dedicó a insultar al pueblo mexicano. “No son nuestros amigos, créanme”, dijo el entonces candidato en junio de 2015. “Están trayendo drogas. Están trayendo crimen. Son violadores. Y algunos, supongo, son buenas personas”.

Los que viven al sur de la frontera se ofendieron con toda razón. En enero, el Presidente Enrique Peña Nieto canceló su primera reunión con Trump después de que el mandatario estadounidense reiterara que México pagaría por su muro fronterizo. El mandatario estadounidense también amenazó con imponer un arancel a las importaciones en Estados Unidos. Cuando Trump y Peña Nieto se reunieron durante la cumbre de G20 en Alemania, Trump aseguró otra vez que México pagaría por el muro, ignorando los comunicados de Peña Nieto afirmando lo contrario.

La pausa en las relaciones entre Estados Unidos y México ahora va más allá de la presidencia.

“Especialmente en el centro de México, mucha gente últimamente ha decidido no viajar a Estados Unidos”, me dijo Felipe García, quien trabaja en el departamento de turismo de Tucson y es responsable de promover la ciudad como un destino para México y otros países.

“Había cámaras de comercio ahí aprovechando y diciendo, ‘No nos quieren ahí—quédense en México, gasten su dinero aquí’… De vez en cuando empiezo a hablar de Arizona con los mexicanos y me dicen ‘¿Acaso no es donde cazan a los mexicanos?’”.

Advertisement

Esta retórica le preocupa a García, quien está intentando cambiar la conversación. Publica tuits, cupones, incentivos para viajar y videos promocionales en “Vamos a Tucson”, una página de Facebook en español. También es voluntario en una estación de televisión mexicana y anuncia eventos cada semana para que la gente vaya a Estados Unidos.

¿Y Bisbee? Pues ellos tienen Sonorafest.


En las calles de Bisbee se instalaron bocinas entre los edificios victorianos que se pagaron con el dinero de la vieja mina de cobre del pueblo. La música mexicana se escucha en las calles. Pasando los puestos de los vendedores, la calle se abre y se ve el escenario que se se llenará con jóvenes vestidos de charros y faldas rosas. Bailarán el Jarabe Tapatío. Luego niños vestidos con piel de venado y cuernos en la cabeza realizarán un baile inspirado en la cacería.

Las bailarinas de Agua Prieta, México. Foto: Breena Kerr

Deborah Grier, quien es dueña de la tienda Finders Keepers en el centro de Bisbee, piensa que Sonorafest es “pésimo” porque sus “clientes regulares no se pueden estacionar”. A pesar de que no le va bien con sus ventas ese día, Grier quiere que los turistas mexicanos sigan visitando el pueblo. Paga por anuncios en publicaciones mexicanas a menudo para que los mexicanos conozcan su tienda. Otros negocios en la misma calle, como Pussycat Gelato, suelen vender mucho más durante el festival.

Advertisement

Los turistas y la gente de Bisbee se pasan la mañana recorriendo los puestos. Una diseñadora vende ropa moderna inspirada en los vestidos tradicionales bordados con flores de color rojo y esmeralda. Una pareja vende esculturas de soles hechas de metal, otro vendedor ambulante de café habla muy bien de su ciudad nativa. Smith dice que le hubiera gustado tener más vendedores durante Sonorafest (habían planeado tener más de 60, no solo los 46 que llegaron). Sin embargo, dice que muchos mexicanos tienen miedo de salir de su país, a pesar de que fueron invitados a un evento patrocinado por la ciudad.

A un lado de un puesto que vende cemento y otro que vende pasteles, Claudia Jiménez, una mujer que se ve como una señora de clase media alta en camisa blanca con perlas, está promoviendo el negocio de su esposo en Hermosillo. Se llama Diazlab y dice que aquí los estadounidenses pueden recibir tratamiento hiperbárico por sólo una fracción de lo que pagarían en Estados Unidos. El laboratorio todavía no tiene muchos clientes estadounidenses, pero esperan atraerlos.

Jiménez me dice que ella y sus amigos antes visitaban Estados Unidos por pura diversión. Viajaban a Seattle o a Nueva York de vacaciones, o cruzaban la frontera para ir a los centros comerciales. Pero ahora suelen quedarse en su lado de la frontera.

Advertisement

“Ya no voy. No me da ganas”, dice Jiménez. “Todos antes iban allá, pero ahora viajamos más por México… tiene algo que ver con la solidaridad con otros mexicanos, especialmente los inmigrantes”. Jiménez también le teme a la violencia en Estados Unidos.

“Ahora las personas que no nos quieren empiezan a romper nuestras ventanas cuando manejamos a un centro comercial estadounidense con placas mexicanas”, dice. Así que se ha quedado en casa. Subraya que, por el momento, se siente segura en Bisbee.

Raúl Holguín Atondo, quien vende muebles y otros productos de madera hechos en Hermosillo, apoya a Trump, pero me dice que ahora es más difícil cruzar la frontera desde que el magnate entró a la Casa Blanca.

Advertisement

“Creo que va a sacar a todos los narcotraficantes y a las personas que generan problemas”, dice Holguín Atondo. “Pero ahora he estado trabajando en Estados Unidos por más de 25 años, y ahora tengo más problemas pasando por la aduana. Ahora revisan todo. Toma unos 30 o 40 minutos cada vez que me inspeccionan”.

Dice que las inspecciones son parte de la promesa de Trump para asegurar la frontera estadounidense.

No muy lejos, Gerardo Campillo Sugich está ofreciendo muestras de una salsa embotellada que supuestamente tiene el mismo sabor sin el picante que quema los estómagos estadounidenses. Me dice que antes era el dueño de la franquicia latinoamericana de Playboy y que se acaba de topar con una mujer en Bisbee que lo reconoció y se identificó como la Miss noviembre 1982. Ahora es el representante para un distribuidor de salsa. Dice que a nivel personal no le preocupa tanto si Trump implementa leyes más extremas y prohíbe el comercio con México.

Foto: Breena Kerr

“Estuve hablando con un amigo de la Administración de Comida y Drogas que trabaja en las salsas con nosotros, y me preguntó ‘¿Qué pasará si cierran la frontera y no puedes meter tu producto?’ Y le respondí, ‘Mira, tengo dos maestrías—yo estaré bien. ¿Qué harás tú si cierran la frontera?’”.

Cuando hablan de la elección, Campillo Sugich se ríe.

“Pues lo entiendo, ¿sabes? Los estadounidenses están cansados de ver los mismos tres nombres en la Casa Blanca por los últimos 20 años”. Pero Campillo Sugich dice que cree que es irónico que Trump ha prometido deshacer el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el acuerdo de 1994 que permite comercio sin aranceles entre Estados Unidos, Canadá y México.

Advertisement

“El libre comercio [entre Estados Unidos y México] se inventó por ustedes, no nosotros”, dice Campillo Sugich. “Ustedes hicieron las leyes, y ahora no les gusta”.


Durante Sonorafest, algunas personas hacen el esfuerzo de sonreír. La sonrisa estadounidense parece decir: “No soy yo—yo no creo que eres un criminal”. Las sonrisas mexicanas: “No sé de quién habla Trump, pero no soy yo”.

Advertisement

Esta aceptación mutua es importante no solo para Bisbee, pero para todo el estado. García, quien ha estado estudiando la relación económica y comercial entre Arizona y México por varios años, me cuenta sobre una compañía de Tucson llamada Sargent Aerospace & Defense. Cuando inauguraron una fábrica en México hace varios años, la gente se preocupaba de que iban a cerrar la sede de Tucson y que la ciudad perdería puestos de trabajo. Pero, como confirmó la empresa, expandieron sus operaciones en Tucson y construyeron una nueva sección del edificio para albergar a los nuevos trabajadores.

México tiene tratados comerciales con países que Estados Unidos no tiene, asegura García. Así que abrir una sucursal en México ayuda a la empresas estadounidenses a entrar a otros mercados. Las empresas producen partes del producto en Estados Unidos y las envían a México para el ensamblaje.

Trump noes el único que ha criticado el TLCAN. Independientemente de las historias de éxitos, varios legisladores están luchando contra la globalización. Bernie Sanders, por ejemplo, escribió en 1993 que el tratado le permite a las compañías explotar a los trabajadores y contaminar México en vez de pagar un sueldo justo y operar bajo leyes más estrictas en Estados Unidos.

Advertisement

Trump ha culpado a México y China por la pérdida de trabajos manufactureros en Estados Unidos (en 1960, casi 1 de cada 4 estadounidenses trabajaba en este sector, pero ahora es menos de 1 de cada 10). Pero los economistas también subrayan que la automatización—cuando las máquinas hacen los trabajos que los humanos antes hacían—es responsable por el cambio, independiente de las políticas comerciales.

“El discurso de Trump sobre el comercio es puro choro”, le dijo el economista Charles Ballard de la Universidad Estatal de Michigan al noticiero CNN Money. “Aunque se haría [lo que Trump dice], no podrías cambiar la tecnología, la cual es una variable muy importante del panorama”.

Pero puede ser complicado explicarle eso a la gente, especialmente si han aceptado las afirmaciones estilo Trump, quien habla de una relación comercial sumamente compleja y la reduce a un acuerdo “increíblemente malo” para Estados Unidos que resultó en un déficit comercial de $63 mil millones de dólares. Una vez que se acepta una media verdad, el miedo y la confusión no solo afectan a las corporativas multinacionales, también a los pequeños comercios y turistas.

Advertisement

Es lo mismo que pasó, en una escala más pequeña, con una noticia que se hizo viral en las redes sociales hace unas semanas.

Según un supuesto testimonio de primera mano, un turista que iba hacia Estados Unidos le entregó su teléfono a un agente fronterizo. El oficial supuestamente encontró un meme que se burlaba de Trump. El mexicano, quien contaba con todos los documentos necesarios para viajar a Estados Unidos, según la noticia, no pudo entra al país y tuvo que regresar a México.

García, quien vio la historia y se preocupó por los turistas mexicanos, llamó al Departamento de Estado para preguntar si estaban negando la entrada a personas por memes. Le aseguraron que no era verdad.


Ahora en Bisbee, las banderas de México y Estados Unidos están elevadas una junto a la otra mientras un coro de jóvenes canta el himno nacional. Durante una ronda de prensa con funcionarios de Bisbee y Sonora, uno de los delegados mexicanos dice: “Me está encantando su ciudad, especialmente sus bares lindos”. Todos ríen.

Foto: Breena Kerr

Los legisladores en Washington “no saben nada de nuestras relaciones”, dijo Enrique Franco, un representante sonorense.

Advertisement

“Las élites hacen lo que quieren [con la frontera]”, dijo el alcalde Smith. “Es una barrera artificial, y le queremos mostrar al mundo que no dejamos de ser hermanos, hermanas y amigos”.

Afuera del Museo Histórico de la Minería, conocí a Raul Berrious, un estadounidense que ha vivido en esta región por 20 años. A principios del 2000, trabajó como un contratista y reconstruyó una sección de 7 millas de la barda fronteriza. Berrious ha percibido una caída en la inmigración ilegal y cree que el tema ha sido exagerado.

“Lo pude ver porque estuve en la frontera todo el tiempo, y se veía cuando la gente estaba tratando de cruzar, porque encontrabas sus áreas de acampar o sus mochilas que dejaban cuando la patrulla fronteriza los encontraba”, dijo Berrious. “Mientras pasaban los años, veía menos cosas”. (No solo lo dice él: la inmigración ilegal desde México ha caído desde su pico en 2007).

Advertisement

Berrious dice que construir la barda fue una chamba decente, pero el concepto del muro nunca le ha gustado.

“Va en contra de lo que yo creo”, dice Berrious. “Siento que ni debería haber un muro. Nos robamos esta tierra de los mexicanos e indígenas. Y pues a fin de cuentas, todos somos la misma especie”.

Breena Kerr es una periodista y ensayista que vive en San Francisco, CA.