Cortesía Laboratoria.

CIUDAD DE MÉXICO — Karen Montserrat Armas no tuvo más remedio que ponerse a chambear sin mucho ánimo en la tienda de ropa de sus padres. Siempre le gustó la tecnología y las apps, pero no veía la manera de colarse en el sector. Como mujer, sentía que era su responsabilidad ayudar a su familia con su pequeña empresa. Además, no contaba con ninguna conexión y tampoco conocía el caso de una chava exitosa en esta industria mexicana en donde alrededor del 63% de los programadores son hombres.

Todo cambió hace dos años cuando se topó con un anuncio en Facebook de Laboratoria, una organización que enseña a las mujeres mexicanas a ser programadoras y a escribir código. Después de completar un formulario de registro, un examen y 20 horas de ejercicios en casa, Armas fue aceptada al programa. Terminó un curso intensivo de programación de seis meses y encontró trabajo en una agencia digital. Se sigue formando a tiempo parcial con la organización para obtener un certificado que llegará en dos años. Por ahora, aún sin haber finalizado, ya tiene una carrera profesional que le apasiona, ha duplicado su salario y se ha independizado de sus padres.

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“La verdad, no estaba en mis planes [ser programadora]. Ya tenía el camino a seguir con mis papás”, cuenta esta joven de 27 años. “[Laboratoria] me dio un giro de 180 grados. Tengo una vida profesional muy marcada. Ya sé a dónde voy y qué es lo que quiero”.

La industria de la programación sigue creciendo pero no hay suficientes programadores para satisfacer la demanda, según un informe sobre la industria en Estados Unidos publicado por Burning Glass Technologies y Oracle Academy. Un representante de la Asociación Internacional de Partners de Microsoft aseguró en una entrevista con el diario El Mundo que Latinoamérica tiene exactamente el mismo problema.

Esta carencia de profesionales en el sector contrasta con el hecho de que un país como México tenga más de 7.5 millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan – los llamados “ninis”-, de los cuales, más de dos tercios son mujeres según datos del Banco Mundial.

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Razones como las actitudes machistas, los pocos ejemplos de chavas exitosas que hay en la industria y la falta de acceso a la educación superior han creado una barrera entre las mujeres y este tipo de profesiones.

“Realmente estamos viendo un sector que crece muy rápido y que brinda oportunidades laborales de calidad, y las mujeres, simplemente, no están ahí”, alega Gabriela Rocha, socia de Laboratoria y directora ejecutiva del programa en Ciudad de México.

Las mujeres de Laboratoria colaboran para resolver problemas de tecnología. Foto cortesía Laboratoria.

Laboratoria nació en Lima (Perú) en 2014. La organización fue fundada por tres emprendedores sociales graduados de la Universidad de Columbia en Nueva York: la peruana Mariana Costa, el ecuatoriano Herman Marín y el venezolano Rodulfo Prieto. La idea surgió cuando intentaron contratar programadoras para un proyecto y se dieron cuenta de la carencia de éstas en la región.

El programa está abierto para cualquier mujer, no importa su nivel de educación. Las participantes atraviesan un proceso intenso de selección para recibir capacitación en el programa durante dos años. Cuando consiguen trabajo una vez terminada la formación, pagan 2,900 pesos al mes durante 24 meses para cubrir el costo de los cursos. El salario promedio para una persona que trabaja en ciencias de la computación en México es 10,193 pesos al mes, según cifras del Observatorio Laboral.

La idea es que las mujeres de todas las clases sociales puedan participar. Actualmente, Laboratoria tiene sedes en Lima, Arequipa, Santiago de Chile y Ciudad de México. Afirman que el 75% de las participantes consiguen un trabajo como programadoras al terminar los cursos.

México está experimentando este boom. La industria de la tecnología de la información creció un promedio de 14% al año de 2004 a 2014, según la agencia gubernamental Promexico. Universidades y organizaciones mexicanas están intentando cerrar la brecha entre hombres y mujeres en este sector porque ven la importancia de incluirlas a ellas.

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“Nuestras alumnas tienen ideas diferentes a lo que se le ocurriría a un hombre. Nos enriquece finalmente poder tener ideas de ambos géneros”, me dice Hiram Calvo, profesor de Ciencias de la Computación del Instituto Politécnico Nacional. “Es una riqueza mayor porque nosotros trabajamos principalmente con ideas. Somos investigadores y nos interesa mucho tener esta variedad de cuestiones que pueden en algún momento ser desarrolladas”.

El profesor asegura que el instituto acepta a los hombres y las mujeres por igual. Sin embargo, la realidad es que todavía los hombres son mayoría en las clases de computación del instituto. Organizaciones de apoyo como Laboratoria señalan que hay creencias arraigadas en la cultura mexicana que impiden su acceso a esta industria.

“El mayor reto está en la misma sociedad mexicana”, opina Grecia Castaldi, directora de la red Women Who Code. Su organización, con sede en Monterrey, está dedicada de manera global a apoyar a las mujeres para ser programadoras. “Hay muchos estereotipos todavía: que las mujeres estudien cierto tipo de carreras y los hombres otras. Se sigue viendo mal que las mujeres se dediquen a áreas técnicas”.

Las participantes de Laboratoria en una clase. Foto cortesía Laboratoria.

En México, las mujeres ganan apenas el 60% de lo que ganan los hombres por desempeñar un trabajo parecido y solo 15% de las empresas tienen una mujer en un puesto de liderazgo, según estadísticas del Foro Económico Mundial. El Observatorio Nacional añade el dato de que solo el 37% de los mexicanos dedicados a las ciencias de la computación son mujeres. Sectores como la política o los deportes adolecen del mismo mal.

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Women Who Code quiere enfocarse más en lanzar programas en la preparatoria para que las mujeres se involucren en la programación a una edad más temprana. Antes de la universidad, las mujeres ya han enfrentado críticas de la sociedad para disuadirles de elegir esta profesión, me cuenta Castaldi.

A pesar de los esfuerzos de estas organizaciones, Castaldi opina que aún “falta mucho para que la sociedad acepte y vea que una mujer puede dedicarse a cualquier tipo de profesión, como la tecnología”.

Pero ahí van pasito a pasito.

El empleador de Karen Monserrat Armas ya le ha aumentado el salario. Ella cuenta que algún día quiere abrir su propia agencia digital, un sueño que nunca imaginaba antes de inscribirse en el programa de Laboratoria. Por ahora es parte de un equipo que la respeta y está “orgullosa” de su trabajo.

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“Nos hemos dado cuenta de que no tener las oportunidades es cultural”, dice la reciente programadora. “Creo que hay que empezar por nosotras mismas. Querer generar este cambio con programas como Laboratoria. Podemos cambiar el chip e ir jalando a más mujeres que también generen este cambio en sus vidas, ya sea de manera personal o profesional”.

“Queremos crecer, formar, e impactar a más mujeres y crecer en más ciudades de Latinoamérica”, me dijo Rocha, la directora ejecutiva de Laboratoria en Ciudad de México. “Para que pronto tengamos una industria realmente diversa que represente la sociedad por lo mejor que tiene”.