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Jessica todavía era una adolescente cuando un hombre guapo llegó a su pueblo y le endulzó el oído. El señor ignoró a las otras muchachas y la escogió a ella. Le prometió una vida mejor: casa nueva, una familia cariñosa, dinero, educación y lo más importante… le ofreció una oportunidad para irse de México.

Jessica empacó sus cosas y se fue del pueblo de la mano de su nuevo galán. Tuvo su primer hijo con él y llegaron a Nueva York con la intención de casarse y empezar una vida juntos. Al menos esa era la idea que tenía. Sin embargo, el Sueño Americano de Jessica resultó ser una pesadilla.

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Años después Jessica le dijo a un grupo de trabajadores sociales que su esposo abusaba de ella. La aisló de los demás y la obligó a trabajar siete días a la semana en cantinas que en verdad eran burdeles.

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Jessica, cuyo nombre decidimos no publicar para proteger su identidad, no se dio cuenta de esto al inicio de la relación. Pero el “cortejo” de su marido era una farsa. Había llegado al pueblo con la intención de encontrar a otra víctima para su negocio. La engañó usando la misma estrategia de muchos otros padrotes que llegan a los pueblos y enamoran a las adolescentes prometiéndoles una vida llena romance, trabajo y dinero.

Los expertos en la trata de personas dicen que no es inusual que este tipo de reclutadores sexuales se dediquen por años a identificar, convencer y finalmente sacar de sus pueblos a estas mujeres para entonces convertirlas en esclavas dentro de las redes de prostitución de Estados Unidos. La mayoría de las víctimas son adolescentes. Los reclutadores se llevan a unas cuantas a Estados Unidos inmediatamente pero a otras las “preparan” hasta que cumplen los 18 años y así evitan que haya algún problema en caso de ser cuestionadas al cruzar la frontera.

Rutas comunes de trata de personas, según los datos del NHTRC.
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Las redes de trata de personas se han vuelto tan sofisticadas que la mayoría de las víctimas se da cuenta de la trampa cuando ya es demasiado tarde, explica Kate Keiso, directora de Sanar, una organización que trabaja con víctimas de trata en Nueva York y Nueva Jersey.

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Eso le pasó a Jessica. Fue una esclava sexual por 10 años hasta que fue liberada durante una redada policial en Nueva York, según Sanar. Las autoridades llevaron a Jessica a Sanar y ahí le dieron terapia postraumática.

Los profesionales de Sanar trabajaron con Jessica para ayudarle a entender su trauma y a restablecer su vida. A Jessica la trajeron sin documentos a Estados Unidos hace más de una década pero ahora tiene un permiso de trabajo y una visa T para víctimas de trata. Jessica ya tiene un trabajo de tiempo completo y está tomando clases de inglés. Sigue participando con Sanar en cursos de arte expresivo.

“A veces tengo pensamientos negativos pero empiezo a pensar en lo que he trabajado en terapia y me ayuda”, Jessica le dijo a los trabajadores de Sanar para ser citada en este artículo.

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La historia de Jessica es triste pero muy común. Ella es tan sólo una de miles de mujeres jóvenes que han sido víctimas de trata. Algunas logran escapar o pedir ayuda, pero no se sabe cuántas siguen en calidad de esclavas.

En los últimos nueve años se han identificado 1,300 posibles víctimas de trata sexual que han sido traídas desde América Latina para trabajar en burdeles que se hacen pasar por cantinas. Estos establecimientos están ubicados en Puerto Rico y 20 entidades a lo largo de Estados Unidos, según un nuevo reporte publicado por Polaris, organización líder en la lucha contra la esclavitud moderna.

Sin embargo, el reporte sólo menciona el número de mujeres que buscaron ayuda a través de la Línea Nacional para la Trata de Personas o el servicio de mensajes Befree Textline. Desafortunadamente, los datos disponibles son sólo una pequeña parte de una red masiva que abarca el país y el hemisferio y que aparentemente está basada en Nueva York.

Datos clave para entender la trata de personas:

  • El 96% son mujeres.
  • 63% son menores.
  • 72% son latinas. La mayoría viene de México, Brasil y Centroamérica.
  • 34% fueron ingresadas al país sin documentos. Sin embargo, algunas no saben que entraron a los Estados Unidos de manera ilegal.
  • Por lo menos el 29% llega a los Estados Unidos bajo falsas promesas de empleo.
  • El 62% dice que fueron confinadas o aisladas físicamente en los Estados Unidos.
  • El 51% reporta un tipo de abuso económico, incluyendo el robo de su sueldo o la imposición de deudas impagables.

Datos clave sobre los traficantes:

  • 70% son latinos.
  • Por lo menos el 35% tiene ciudadanía estadounidense.
  • El 67% de los traficantes son hombres y casi un tercio son mujeres.

Fuente: More than Drinks for Sale: Exposing Sex Trafficking in Cantinas and Bars.

El comercio sexual opera en un círculo cerrado, pero muchas veces está a la luz del día. Es fácil de ver sin darse cuenta para los que no están al tanto de la problemática. Los expertos aseguran que hay señales que pueden denotar una red clandestina de trata; hombres dando “tarjetas de viejas” en las esquinas de Nueva York, cantinas que cobran precios excesivos por los tragos, o taxistas en Washington D.C. que preguntan a su clientela si están buscando algo de acción.

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La explotación sexual es tan grande en Estados Unidos que existe un mapa que muestra los casos que son reportados. Este mapa incluso se parece a un mapa de cobertura para una compañía de telefonía móvil. Ante la falta de información, los expertos dicen estar muy preocupados por los espacios en el mapa que aparecen vacíos. Piensan que es precisamente en esas áreas donde se debe incrementar el monitoreo.

Mapa de cantinas en Estados Unidos donde se ha reportado la trata de personas.
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“Todos los días mujeres jóvenes y niñas en los Estados Unidos son hechas prisioneras por las redes criminales que venden sexo en las cantinas y los bares que están en nuestros patios traseros”, dijo Bradley Myles, director ejecutivo de Polaris.

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Sin embargo, las cantinas y los bares sólo representan una parte del problema. Muchas mujeres son entregadas a domicilio o llevadas a moteles mientras los conductores esperan afuera. Pero al enfocarse en los bares y las cantinas —establecimientos que tienen más probabilidad de ser inspeccionados por la policía— el grupo Polaris espera trabajar con las autoridades para mejorar la identificación de la trata y el acercamiento a la víctimas.

“Trabajamos para entrenar a la policía para que pueda identificar la trata de personas y para acercarse a las víctimas de una manera que es culturalmente apropiada”, dice My Lo Cook, directora de la Iniciativa Estratégica de Polaris en México.

Es una tarea complicada. Muchas de las víctimas no hablan inglés y algunas sólo hablan dialectos indígenas. Muchas de las mujeres no confían en las autoridades, especialmente porque los policías las han identificado como trabajadoras sexuales a pesar de ser esclavas. Además, muchas de estas mujeres se encuentran atoradas en una red de mentiras, y sufren de la manipulación psicológica o la disociación traumática. De hecho, muchas ya no se ven así mismas como víctimas. Otras entienden la situación en la que están, pero tienen demasiado miedo o les da pena buscar ayuda. Algunas víctimas que entran al país de manera ilegal ni siquiera saben que tienen derechos en los Estados Unidos.

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Algunas mujeres han sido expuestas a tanta violencia que pierden la habilidad de identificarse como víctimas. Esto suele ser un problema con las mujeres que vienen de El Salvador ya que muchas son introducidas a una cultura de violencia y a las violaciones colectivas antes de ser traídas a los Estados Unidos.

“Hemos visto un incremento en el número de mujeres que llegan de El Salvador, particularmente de familias que han sido impactadas por la violencia del grupo MS-13, y gente conectada al mismo grupo que se involucra en la trata”, me dijo Keisel, de la organización Sanar. “Es una violencia increíble que nunca habíamos visto. Parientes que son desmembrados… en unos casos la amenaza a su seguridad es tan real que se vuelve muy difícil ayudarles a procesar el trauma”.

Los retos que encara la policía y las agencias son abrumadores, cambian constantemente ya que las organizaciones criminales no dejan de innovar. Incluso se torna más complicado en un año electoral, ya que cada intento de generar un diálogo nacional con seriedad se pierde en los gritos de los candidatos que buscan infundir el miedo sobre los inmigrantes.

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Sin embargo, los activistas aseguran que nunca hay mejor momento que el ahora para encarar la realidad de la trata sexual. La sociedad no puede seguir ignorando la trata.

“Tenemos que poner al problema en el radar, porque si no lo buscas, no lo ves”, me dijo Cook del grupo Polaris.