Getty Images, Elena Scotti/FUSION

Hugo Balbuena es un inmigrante mexicano que dice querer retar a Donald Trump a que camine tan sólo una milla en sus zapatos mojados.

“Me gustaría ofrecerle a Trump 30 dólares para trabajar en un lavado de autos todo el día, lavando coches en un clima bajo cero, usando mi ropa y mis zapatos mojados. Y luego que me dijera al final del día si eso es justo”, el inmigrante indocumentado de 27 años me dijo, refiriéndose a las condiciones laborales que tuvo que soportar en un lavado de autos en Nueva Jersey.

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Trump, sin embargo, no necesita responder esa pregunta. Una demanda judicial a nivel federal ya lo hizo.

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La corte estadounidense del distrito sur de Nueva York recientemente aprobó un acuerdo de $1.65 millones de dólares que fueron otorgados a 18 trabajadores latinos como compensación por años de robo de salario. Los trabajadores ganaban menos que el salario mínimo y nunca se les pagó por trabajar horas extra. La demanda civil empujó a ambas partes a llegar a un acuerdo. El dueño del lavado de autos negó que incurrió en algún delito pero accedió a pagarles lo que les debía a los trabajadores, incluyendo sanciones e intereses. Cada trabajador ganó un monto de aproximadamente $91,000.

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El acuerdo legal hizo justicia para los 18 trabajadores, pero sobretodo es evidencia contundente de que la narrativa de Trump sobre los trabajadores indocumentados está al revés. En muchos casos, la economía estadounidense es la que abusa de los trabajadores inmigrantes.

“A Trump le gusta hablar mucho sobre los mexicanos y nos trata como basura. Pero venimos aquí a trabajar y tener una vida mejor”, dice Hugo, quién me dio un apellido que no es el suyo para proteger la identidad de su familia en México. “Nosotros trabajamos más y ganamos menos que los estadounidenses. ¿Y a dónde va el dinero? Ellos lucran de nuestro trabajo”.

El diablo que ya conoces

La retórica de Trump ha revivido los sentimientos anti-inmigrantes en los Estados Unidos, pero para muchos inmigrantes que ya viven aquí esto no es nada nuevo. Trump simplemente está articulando algo con lo que muchas personas deben lidiar día con día. Y para ellos, el diablo que ya conocen es peor que el diablo anaranjado que ven por televisión.

Basta con preguntarle a Hugo y a sus antiguos compañeros de trabajo sobre el lavado de autos en Nueva Jersey. Irónicamente, el dueño de ese negocio también es un inmigrante que encarnaba la desdeña de Trump por los inmigrantes— un cubano-americano que también explotaba sus trabajadores en su autolavados en Nueva York.

Hugo, quién llegó de México hace 10 años cuando tenía 17 años, trabajaba en el lavado de autos 10 horas al día, 7 días a la semana, sin horas de descanso. El ganaba en promedio 2 a 3 dólares la hora, en un estado donde el salario mínimo es ahora $8.38. Hugo no recibía seguro médico y tampoco podía faltar al trabajo si se enfermaba. Dice que usualmente trabajaba durante los meses de invierno con gripe y usando ropa mojada.

En los días que le iba bien, Hugo dice que ganaba más de $45. Pero en los días malos—cuando llovía o nevaba, o cuando el jefe estaba de mal humor —Hugo dice que no ganaba ni un sólo centavo. De hecho ganaba menos que eso, tomando en cuenta el café y las galletas que compraba en la mañana por $6.

A pesar de trabajar 70 horas por semana lavando y secando coches, Hugo tuvo que tomar un segundo trabajado vendiendo flores durante la noche sólo para pagar la renta del apartamento que compartía en Nueva York. En los meses buenos, tenía dinero extra para mandarle algo a su madre enferma que vive en México. En los meses malos, tenía que pedirle prestado a sus amigos para la renta.

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“Trabajar en el lavado de coches era peor que trabajar en el campo en México”, dice Hugo, quién solía cortar caña en su país de origen, quizá uno de los trabajos más agotadores del sector agricultural. “Al menos en el campo podíamos parar y descansar, y tener una hora para tomar el almuerzo en la sombra. Pero en el lavado de coches no parabamos en todo el día, en ropa mojada, con nuestras manos descarapelandose. Y teníamos que comer parados, mientras lavamos los coches con nuestras manos y con la comida en nuestras bocas”.

Hugo y los otros trabajadores —la mayoría dominicanos— dicen que su situación laboral era abusiva, pero aún así pensaban que no podían hacer nada al respecto.

“Nos decían que teníamos que trabajar y no decir nada, porque sin papeles no teníamos derecho a quejarnos y ningún otro lugar a donde ir”, me dijo Hugo, refiriéndose a cómo los gerentes amedrentaban a los trabajadores del lugar.

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Incluso los trabajadores del lavado de autos con residencia legal en Estados Unidos tenían miedo de abrir la boca y arriesgarse a perder sus trabajos, dice el ex-empleado de 29 años Michel Rodriguez. Me dijo que todos los trabajadores tenían alguna renta que pagar, y nadie tenía suficientes ahorros para pasar semanas sin ganar un sueldo.

“Todos tenían miedo de perder el empleo, porque encontrar trabajo no es difícil”, me dijo Rodriguez. “Sabíamos que nos estaban abusando, pero no sabíamos cómo. Nadie conocía la ley”.

Fusion intentó contactar al abogado que representa al dueño del lavado de coches pero no obtuvo respuesta.

Los trabajadores indocumentados tienen derechos

El abogado Steven Arenson, quien representa a los ex-empleados del lavado de coches en una demanda civil, dice que la ley está diseñada para proteger a todos los trabajadores, incluso los inmigrantes indocumentados. Dice que el acuerdo legal, el cual establece un récord para la industria de lavado de coches, es una señal clara de que los jueces no van a tolerar el abuso laboral, independientemente de la situación migratoria de los trabajadores.

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“Ese caso manda un fuerte mensaje de que el sistema legal estadounidense protege a los trabajadores y protege a los trabajadores indocumentados del robo de salarios y la explotación”, Arenson me dijo durante una entrevista telefónica.

El abogado dice que los jefes abusivos usualmente van a tratar de intimidar a los trabajadores indocumentados con la deportación, pero las cortes no van a permitir que se salgan con la suya.

“Un juez no va a dejar a un empleador esconderse detrás del debate migratorio”, dijo Arenson.

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Además de hacer justicia por una batalla legal de duró cinco años, el acuerdo les dará ahorros a estos trabajadores por primera vez en su vida.

“Esta victoria le va dar a estos trabajadores indocumentados que ganan el salario mínimo una suma de dinero que va a cambiar sus vidas”, dijo Arenson al anunciar la victoria legal el 21 de junio.

Esto ha permitido que muchos de los trabajadores puedan planear su futuro. Uno de los ex-empleados se está llevando lo que ganó a la República Dominicana donde piensa abrir su propia tienda de reparaciones de auto. Mientras tanto, Michel Rodríguez, quien trabaja en Uber, dice que planea usar su dinero para estudiar derecho penal.

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Hugo, sin embargo, está pensando en su hija. Dice que va a usar todo su dinero para darle una buena educación y para que ella tenga una mejor oportunidad de alcanzar el sueño americano.

“Quiero que ella tenga una vida diferente a la que yo tuve”, Hugo me dijo. “Quiero que tenga sus cosas. Su propia casa. Su propio negocio. Quiero que tenga una buena vida”.

Ella, también, va a encontrarse con algunos Donald Trumps a lo largo de su vida. Sin embargo, Hugo espera que ella sea lo suficientemente fuerte para no dejar que el odio la detenga.

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“Quiero enseñarle a mi hija a que no trate a las personas mal sólo porque tiene menos dinero que uno”, dijo Hugo.