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México acaba de perder a uno de sus íconos culturales más amados.

Juan Gabriel, o “Juanga” como muchos le decían, murió este domingo de un infarto en Santa Mónica, California.

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Nació bajo el nombre de Alberto Aguilera Valadez, un niño humilde que creció hasta convertirse en uno de los cantantes y compositores latinoamericanos más prolíficos, con millones de álbumes vendidos. Pero quizá su hazaña más grande fue enseñarle a los mexicanos que estaba bien ser macho y afeminado al mismo tiempo.

Juanga tomaba durante sus conciertos, sacaba el pecho mientras sudaba, y recitaba las letras que muchos hombres aprendieron para ganar los corazones de sus novias y esposas — o las que tarareaban en las cantinas mientras bebían tequila y cerveza. Sin embargo, su voz al hablar era suave, sus gestos extravagantes, y sus trajes eran una colección exuberante llena de lentejuelas al estilo Liberace. Al igual que el gran astro de Las Vegas en la década de 1950, la ambigüedad sexual de Juanga confundía y enojaba a algunos cuantos, mientras fascinaba a otros.

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En una entrevista realizada por Univision en el 2002, un periodista le preguntó a Juan Gabriel sobre su orientación sexual. “Dicen que lo que se ve no se pregunta”, contestó.

Sin embargo, Juanga nunca fue abiertamente gay. Como Prince o David Bowie, trascendió las definiciones tradicionales de orientación sexual hasta llegar a un estatus en donde su identidad era algo que sólo a él le atañía; era irrelevante y generalmente aceptada por todos sus fans. Cuando se paraba en el escenario Juan Gabriel era simplemente Juan Gabriel. Lo demás no importaba.

No era exactamente un androgino. Claramente era un tipo de estatura baja y de complexión robusta; un hombre que usaba maquillaje y delineador y que lloraba en el escenario al cantar “Tu eres la tristeza en mis ojos que lloran en silencio por tu amor”.

Los "muy machos" de la audiencia se la sabían de corazón y la cantaban con él.

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Juanga también trascendió las divisiones socioeconómicas e incluso las generacionales. Los pobres lo veían como uno de ellos, los fresas mexicanos se apropiaron de algunas de sus canciones para sus precopeos y los hipsters se enamoraron de su Mexicanidad retro.

Juan Gabriel también trascendía fronteras. Su muerte se siente más allá de México. “Un día devastador para la música”, el músico estadounidense Questlove escribió en su cuenta de Instagram al publicar una foto de un joven y guapo Juanga. “Descansa en paz ídolo,” publicó Marc Anthony en Twitter.

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Juan Gabriel también fue un patriota que defendió la música mexicana y a los inmigrantes en Estados Unidos.

“La música estadounidense se ha infiltrado en todo el mundo y ya es suficiente”, le dijo recientemente al periódico L.A. Times. “La música mexicana debe ser defendida, con arrojo”.

Ponía el nombre de México en alto y promovía la cultura mexicana en todo lo que hacía.

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Su mezcla de machismo y feminidad ayudó a romper con esquemas tradicionales de virilidad. Su estatus de megaestrella le permitió traspasar los límites y sus fans, la mayoría de las veces, lo celebraban.

“Felicidades a todas las personas que están orgullosas de ser lo que son”, dijo al final de su último concierto. Esas fueron sus últimas palabras para el público, y el mensaje por el cual siempre será recordado.