Ilustración de Elena Scotti/Fusion/GMG. Fotos de Shuttershock.

Las calles del Centro Histórico de la capital mexicana se llenan con hombres y mujeres listos para celebrar el Día de Muertos. Un sujeto en un traje de esqueleto, sombrero de copa, y una máscara de calavera guia a una dama en vestido morado hacia un hotel. Se suben al elevador y entran a una habitación. Luego hay explosiones, disparos y se viene una película bastante malona. Pero esta es quizá la secuencia más memorable de Spectre, el último filme de la saga 007.

La franquicia de acción es una de muchas producciones que han optado por filmar, desarrollar sus historias, e identificar su marca con la Ciudad de México. Empresas internacionales como Apple y All Saints también han seleccionado a la CDMX como telón de fondo para sus comerciales. No es que la capital esté de moda y ya.

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La ciudad ha impulsado políticas más amigables para los equipos de filmación. En 2016, se registraron 7,891 solicitudes de permisos para filmar en la capital, más del doble que en 2009, según la Comisión de Filmaciones de la Ciudad de México.

Mauricio Aguinaco, director de la comisión, explica que la burocracia se ha agilizado y que se ha combatido la cultura de sobornos. Las normas también se han internacionalizado para seguir los estándares de las industrias en Estados Unidos y Europa.

“Al sentir la certeza de poder filmar en un entorno más administrativo, más protegido por el gobierno con más regulación, empezó también a darse la posibilidad de más seguridad para las empresas primordialmente norteamericanas”, me dijo Aguinaco.

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Hoy por hoy México es el único país en Latinoamérica que le permite a las producciones pagar menos aranceles usando la forma Cuaderno ATA, un documento que facilita el proceso de entrada y salida de equipo extranjero.

La cercanía a Estados Unidos y la fortaleza del dólar frente al peso también están impulsando el boom fílmico.

También existen incentivos fiscales para las empresas mexicanas como el Eficine 189 para que apoyen la producción local de largometrajes y cortometrajes.

“Seguir alimentando las producciones extranjeras en la Ciudad de México es una de las necesidades que también el jefe de gobierno nos ha pedido”, me dijo Aguinaco. “Para incentivar el turismo, la derrama económica y la imagen que le damos de la ciudad al mundo”.

Y también está el factor cool.

“México es un país maravilloso. Es un país que a nivel cultural, a nivel de espacios de lugares es hermoso”, me dijo Abraham Dayan, fundador de Phoenix Films, productora que ayuda a cineastas y compañías extranjeras a filmar en la ciudad. “No mostrarlo es una pérdida. Hay mucha historia en este país. Hay mucha historia que contar y vale la pena”.

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Pero los grandes problemas de México también afectan a las producciones. Por ejemplo, la serie de Netflix y Univision sobre la vida de El Chapo fue filmada en Colombia y no México por razones de seguridad.

Muchos equipos de filmación aún tiene miedo de venir y ven al país como un lugar poco sofisticado. Se imaginan el México de los estereotipos— mariachis, luchadores, narcotraficantes, etc. Dayan se ha enfrentado a estas generalizaciones.

“Siempre me preguntan ‘Oye qué tal la seguridad? ¿Cómo está el asunto?’”, me cuenta. “Normalmente me dicen, ‘Oye, ¿Por qué no pones en tu presupuesto elementos de seguridad privada que nos cuiden?’ Sí hay un temor, porque obviamente afuera se escucha mucho”.

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Las producciones también deben lidiar con las quejas de los residentes de la ciudad.

“La forma como llegan a filmar no es aceptada en general por los residentes”, me dijo Ramón Ibarra, el Presidente de la Asociación de Residentes de la Colonia Cuauhtémoc. Me dice que los vecinos no son notificados con tiempo suficiente antes de las filmaciones y muchos se sorprenden cuando los equipos llegan a su colonia y se cierran calles. “Es común que haya un desagrado manifiesto de los habitantes de la colonia que llegan incluso hasta enfrentamientos”.

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En febrero de 2016, un grupo de residentes de la delegación Cuauhtémoc se peleó con el equipo del director mexicano Alfonso Cuarón por supuestamente exceder el área designada para filmar. El altercado llegó a golpes.

Sin embargo, Ibarra reconoce que el cine puede promover el soft power de la capital.

“Lo veo como un actividad positiva porque difunde el espacio urbano y las construcciones de la ciudad”, me dijo Ibarra. “El impacto del cine es muy fuerte”.

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“[México] podría ser un gran destino para cualquier tipo de filmación”, subraya Aguinaco, el director de la Comisión de Filmaciones de la Ciudad de México. “México está llegando a estos estándares y eso es lo que ahora podemos presumir”.