La Güera en su ‘DJ booth’. Foto: Edgar Reyna

CIUDAD DE MÉXICO – Si andas turisteando en el Centro Histórico el fin de semana, puede que te topes con un baile público en la plaza del Parque de la Solidaridad a un lado del Palacio de Bellas Artes.

Aquí cientos de chilangos de la Colonia Guerrero, uno de los barrios más bravos de la capital, llegan a quemar la grasa al ritmo de cumbia y guaracha. La organizadora es una señora de 45 años que toca algunas de las rolas más sabrosas que escucharás en la ciudad. Todos la conocen como Alicia “La Güera” Valencia Salinas, una vendedora ambulante de CDs convertida en una especie de DJ callejera.

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Hace 13 años tocaba discos desde una bocina conectada a un amplificador para atraer a la clientela a su puestito. Pero la mayoría no compraba nada y nomás se acercaba a bailar. Los ritmos eran irresistibles, recuerda. La Güera decidió dedicarse a tocar música para las parejas mientras su hijo, quien ahora tiene 27 años, le pedía cooperación para recuperar el dinero que ya no ganaban en las ventas.

Una pareja baila cumbia. Foto: Edgar Reyna

La mujer con el pelo pintado de rubio ahora se pone un delantal como si fuera a cocinar algo y mete sus discos a un reproductor de DVDs. La plaza, aún llena de puestos informales, de repente se transforma en una pista de baile al aire libre. La Güera incluso se echa remixes de Whitney Houston con sabor cumbiero.

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Chilangos de todas las edades y géneros brincotean y dan vueltas en parejas o tríos.

“Este es un lugar donde las personas pueden olvidar sus penas en esta ciudad tan difícil”, me dice La Güera. “Ya entran muchos más turistas extranjeros al Centro, hasta llegan a bailar con nosotros y están más que bienvenidos. Los latinos estamos de moda ahorita porque el señor Trump ha hablado tanto de nosotros, entonces todos quieren escuchar lo que tenemos”, bromea.

La ama de casa ha ayudado a crear un espacio público para que los residentes de la ciudad suden su frustración y estrés. También promueve un ambiente libre de alcohol y drogas. Ha creado una especie de culto saludable y sus seguidores esperan con ansia sus bailes los sábados y domingos de 4:30 de la tarde a 11 de la noche.

Un trio en el bailongo. Foto: Edgar Reyna

“Todos se apoyan y se nota cuando alguien no está bien entonces tratamos de hablar con ellos”, subraya La Güera al platicarme sobre su intención de construir más comunidad.

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Hace algunos años el Centro Histórico tenía mala fama y no había sido recuperado por el gobierno de la ciudad. Pero las calles peatonales como Gustavo A. Madero y la Alameda Central se remodelaron y se destinaron más recursos a la vigilancia.

Sin embargo, las autoridades no siempre trabajan de la mano de los locales. La Güera me dice que en ocasiones los funcionarios de la delegación mandan a la policía a cerrar el bailongo. No ha logrado conseguir un permiso de la ciudad para su evento ya que lo consideran un “sonidero” a pesar de que su equipo solamente incluye dos bocinas.

La Güera me dice que no mezcla su música, no hace saludos y no graba las canciones que toca.

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“Me falta mucho para llegar a ser sonidera como La Changa y Condor [dos de los sonideros más famosos de México]. Espero poder llegar a ese punto en que las personas me conocen como ellos y que suene más fuerte”, me dice. “Sólo espero que la policía tenga más tolerancia con nosotros. Las personas simplemente quieren divertirse ya que no tenemos dinero para un salón de baile”.

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Cuando no está atendiendo el hogar y a sus cuatro hijos, La Güera se dedica a buscar música nueva en internet y en las tiendas del Centro.

Todas las edades y géneros. Foto: Edgar Reyna

“Veo cómo va reaccionando la gente a la música. Me gusta mantener el ritmo de acuerdo a la energía de todos entonces tengo que conocer mucha música para saber qué quieren escuchar en ese momento”, dice.

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Explica que en la pista de baile no hay distinciones y es algo muy terapéutico para cientos de residentes acostumbrados a las divisiones socioeconómicas, la discriminación, la prepotencia y la inseguridad de la Ciudad de México.

“Las personas llegan cada fin de semana de todas partes de la ciudad porque saben que no hay muchas personas como yo. Les hablo con respeto a todos y no discriminamos en el baile porque quiero que la gente se la pase bien en un espacio diverso y tolerante”.