Cortesía Biblioteca Nacional de Antropología e Historia.

Hace algunas semanas una importante reliquia de la historia mexicana regresó al país después de haber sido robada hace más de ocho décadas.

Los manuscritos de Luis de Carvajal, un comerciante que nació en Portugal y vivió en México durante el siglo 16, ahora se encuentran en las instalaciones del Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México. Carvajal y miembros de su familia fueron perseguidos, encarcelados y torturados por las autoridades de la entonces Nueva España por practicar la religion judía.

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Eventualmente murieron en la hoguera durante la Santa Inquisición, un periodo brutal en el cual la iglesia suprimió la supuesta herejía.

El manuscrito se lee como una especie de diario secreto en el cual el autor describe su día a día como víctima de la discriminación en México. Carvajal documenta la experiencia de los judíos en Latinoamérica durante una etapa en donde muchos fueron perseguidos por la Iglesia Católica junto a otros grupos marginados como los indigenas y las mujeres.

“El manuscrito de Carvajal es muy importante para la comunidad judía de México”, me dijo Alicia Gojman, una historiadora mexicana. “En los colegios judíos se enseña la historia de los Carvajal”.

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Las raíces de la comunidad judía en México se remontan al siglo 16. De hecho, los Carvajal fueron una de las primeras familias judías en establecerse en México.

“Este documento es muy importante porque es uno de los casos más tristes; toda una familia muere quemada por la inquisición a finales del siglo 16 por sus ideas religiosas”, me dijo Baltazar Brito, el director de La Biblioteca Nacional de Antropología e Historia. “Creo que lo debemos de conocer para que esto no se repita más”.

Por más de 300 años, los manuscritos estuvieron guardados dentro del Archivo General de la Nación, la institución encargada de preservar los documentos históricos de México. Pero en 1932 el texto desapareció. Ahora se sabe que en aquel entonces un investigador llamado Jacob Nachbin robó el documento, el cual es del tamaño de un iPhone.

Décadas después surgió una pista.

El año pasado, una supuesta réplica del manuscrito apareció en una subasta de reliquias históricas en Nueva York. La noticia sonó algunas alarmas.

El coleccionista de arte judío Leonard Milberg, quien conocía bien la historia de Carvajal, se enteró de la subasta y pensó que quizá se trataba del original. El experto compró los manuscritos. Después contactó al consulado mexicano en Nueva York y los diplomáticos a su vez contactaron a Brito.

El director de La Biblioteca Nacional de Antropología e Historia y un grupo de expertos confirmaron la autenticidad del manuscrito después de analizar la escritura y los detalles en el texto. Brito empezó a cabildear para retornarlo a México.

“Siempre hay dificultad en probar que un documento pertenece a un país”, me explicó Brito. El experto trabajó arduamente para probar que los manuscritos eran los originales y que fueron robados de México en los 1930s.

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Milberg, el coleccionista, finalmente donó los manuscritos a México y facilitó el proceso de trasladarlos a su país de origen.

En marzo de este año los manuscritos regresaron a México.

El diario secreto se exhibió en el Museo Memoria y Tolerancia de la Ciudad de México entre abril y mayo. Pronto será digitalizado para que el público en general lo pueda leer y conocer la historia de una de las primeras familias judías en México.

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“Más que recordar [la historia de Luis de Carvajal] por su dramatismo y por la crudeza que tiene, creo que tendríamos que tenerla presente porque desafortunadamente este tipo de circunstancias siguen existiendo a pesar de que han pasado 400 años”, señaló Brito.