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Nunca se ha visto una elección presidencial como esta y no se debe tratar como cualquier otra. Eso incluye a los debates.

Tradicionalmente, los moderadores de los debates presidenciales han sido hombres blancos mayores de 40 años de edad. En 2012, los cuatro moderadores – Martha Raddatz, Jim Lehrer, Bob Schieffer y Candy Crowley—eran blancos mayores de 55 años.  Fue la primera vez en 20 años que se seleccionó a una mujer para moderar un debate.

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Sin embargo, esto no es representativo de los Estados Unidos. Los temas de raza, género, inmigración, discriminación y justicia no son simplemente puntos de conversación— para muchos, son una cuestión de vida o muerte. Necesitamos moderadores que puedan reflejar la realidad.

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Los jóvenes de 18 a 33 años son la generación más diversa que se ha visto en la historia estadounidense. El 43% son personas no blancas. Muchos de estos jóvenes tienen parejas que no son de la misma raza. Esta generación no cree en los conceptos tradicionales de género. Aproximadamente 68% de estos jóvenes no blancos cree que el gobierno debería pagar los servicios médicos de todos. Casi la mitad de los jóvenes afro-americanos reportan haber tenido “interacciones negativas” con la policía. Según los datos del Centro de Investigaciones Pew, los votantes hispanos de 35 años de edad o menos serán casi la mitad (44%) de los 27.3 millones de votantes hispanos en 2016, lo cual marca un nuevo récord y les da la distinción de ser el grupo étnico de votantes más grande.

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Sin embargo, de acuerdo con el Washington Post, los jóvenes tienden a salir menos a votar. ¿Será porque creen que su voz no importa en el proceso electoral? ¿Será porque no los han incluido en las conversaciones más importantes?

No es ningún secreto que los jóvenes estaban apasionados por Bernie Sanders—varias encuestas mostraron que los estadounidenses menores de 30 años apoyaban a Sanders más que a Trump y Clinton juntos. ¿A qué se debe? El senador siempre tocaba los temas que realmente le importan a los jóvenes: la deuda estudiantil y el acceso a la educación, la desigualdad económica y las injusticias sociales que prevalecen en el país. Un estudio del Instituto de Políticas de Harvard publicado en 2015 dice que casi seis de cada diez personas entre 18 y 29 años con título universitario creen que el llamado Sueño Americano “sigue vivo”. Tienen esperanza y son el futuro; para el año 2020, las minorías serán la mayoría. Por ésta razón, la representación y la inclusión son sumamente importantes.

Le debemos a los jóvenes estadounidenses—la gente que vivirá en este país—un debate enfocado en los temas que más les importan. Necesitamos un moderador que preguntará sobre el movimiento Black Lives Matter (“Las Vidas Negras Importan”). Merecemos un moderador que formulará preguntas difíciles acerca de la inmigración. Nos deben un moderador que preguntará a los candidatos sobre la islamofobia. Alguien que no tenga miedo de preguntarle a los candidatos sobre el aborto, las deportaciones, los derechos laborales de las mujeres embarazadas, la discriminación contra la comunidad LGBTQ, o la deuda estudiantil. Si el futuro de los Estados Unidos es joven, de color moreno, queer y femenino, el país se debe a si mismo escuchar todas las voces durante los debates presidenciales. Periodistas que son homosexuales, mujeres, afro-americanos, latinos, asiáticos, y los indígenas americanos deberían ser considerados para el rol de moderadores. No estamos hablando de una breve invitación para que una cara negra o morena haga una pregunta incómoda y después se escoltada fuera del escenario.

Hay muchas opciones. Opciones muy recomendables. No solamente son los conductores de siempre como Jorge Ramos, María Elena Salinas y Lester Holt, pero nuevos personajes —periodistas que hablan de política y no son hombres blancos mayores de 55. Por ejemplo:

…Y hay muchos más que merecen ser considerados. La cuestión de quien va hacer las preguntas es sumamente importante. En enero, durante el Black and Brown Forum de Iowa (co-organizado por Fusion), Jorge Ramos le pidió a Hillary Clinton que pare de usar la palabra “ilegales” al referirse a las personas indocumentadas en Estados Unidos. En ese mismo evento, Thalia Anguiano, alumna de tercer año en la Universidad de Drake, le preguntó a Clinton: “¿Qué significa el privilegio blanco para ti?”. La raza, etnicidad e identidad han sido algunos de los temas más discutidos durante este ciclo electoral, por eso expresar las perspectivas de las personas de color es crucial. Sería un bono extra para los periodistas activos en Twitter y Facebook ya que los jóvenes están conectados en las redes sociales y es su fuente primordial para adentrarse en las noticias.

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El 8 de noviembre cambiará a los Estados Unidos para siempre. Pero antes de llegar a ese punto, le debemos a este país cambiar la manera en la que cuestionamos a los candidatos. Los que moderan los debates deben reflejar a los herederos de Estados Unidos.