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Los mexicanos se despertaron enojados esta mañana por la noticia de que Donald Trump irá de visita al país para reunirse hoy con el Presidente Enrique Peña Nieto.

El enojo colectivo no es sorpresa. Trump se ha pasado toda la campaña electoral ofendiendo a los inmigrantes mexicanos: “violadores”, “ narcotraficantes” y “criminales”. Para ejemplificar sus agravios, ha invitado a sus discursos a los familiares de víctimas que han sufrido algún crimen a manos de inmigrantes indocumentados para que compartan sus historias.

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Trump también ha prometido construir un muro en la frontera, e insiste que México lo va a pagar. Entonces, ¿qué demonios está pensando el presidente mexicano al invitar a Trump a la capital mexicana? Peña Nieto recientemente lo comparó con Hitler y Mussolini y dio instrucciones para movilizar a sus diplomáticos en Estados Unidos a fin de que contuvieran la amenaza que representa Trump.

Peña Nieto invitó a ambos candidatos a la presidencia de Estados Unidos. Está consciente que México es una parte central de la campaña estadounidense, la cual se enfoca en temas de migración, seguridad fronteriza, la guerra contra el narcotráfico y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, entre otros temas que conectan ambas naciones.

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Este tipo de reuniones no son nada nuevo. En 2008, el entonces candidato republicano John McCain se reunió con el Presidente Felipe Calderón para platicar sobre migración, comercio y otros temas de la relación bilateral.

Peña Nieto va intentar proyectarse como el adulto en la habitación y como un líder responsable internacionalmente que está muy por encima de los insultos que Trump lanza a diario.

Es una apuesta arriesgada. Si Peña Nieto se amedrenta al lado de Trump, en su propia casa, sería algo catastrófico para su imagen.

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Trump ganó la nominación de su partido intimidando e insultando. Podría utilizar el viaje a México para ganar puntos con su base, pues esta le ha criticado su supuesto ablandamiento en su postura migratoria.

Sin embargo, Peña Nieto debe pensar que está jugando su mejor mano. La estrategia de México siempre ha sido evitar una confrontación directa con Trump y a su vez subrayar todo lo bueno que el país ofrece. México ha intentado contestarle a Trump con hechos y usando datos duros para desmentir los mitos y estereotipos. Pero a menudo, la estrategia se ha interpretado como silencio o debilidad —- “El que calla otorga”, dice un dicho muy popular en México.

La invitación de Peña Nieto es audaz. El presidente juega con fuego — y lo sabe. Trump es impredecible, todo un maestro de la cámara que sabe atraer a los medios. Es un encuentro desbalanceado en muchos aspectos. Trump es ruidoso e impulsivo y salió de los reality shows. Peña Nieto, por su parte, es un actor que se pega al guión y le cuesta mucho improvisar.

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La reunión se realizará horas antes de que Trump de un muy esperado discurso sobre migración en Arizona. Ha trascendido que Trump suavizará su postura con respecto a las deportaciones, en un intento desesperado por atraer a los votantes hispanos conservadores.  De manera que podría usar este viaje relámpago a México para proyectarse como alguien que puede trabajar responsablemente las relaciones internacionales de Estados Unidos.

Por otra parte, Trump podría usar esta reunión privada para manipular lo que realmente pasó tras bambalinas. El viaje podría ser su modo de demostrar que no le teme a México y que puede ser un presidente duro y rudo.

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La oposición mexicana ya está cuestionando la decisión de Peña Nieto. Los intelectuales y los líderes de opinión en México exigen que Trump haga una disculpa pública.

La campaña de Clinton ya ha emitido un comunicado recordando a los mexicanos sobre todo lo que Trump ha dicho hasta ahora.

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Las redes sociales están realizando un llamado para salir a la calle y protestar la visita. Los mexicanos están usando el hashtag #SrTrumpConTodoRespeto para criticar al candidato. Algunos incluso han llamado a Peña Nieto “un traidor”.

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Mientras tanto, la seguridad se ha incrementado considerablemente en las inmediaciones de la embajada estadounidense.

El presidente mexicano está apostando a una actuación diplomática. Sabe que Trump puede llegar a la Casa Blanca. Si Trump gana, Peña Nieto tendría que trabajar con él por dos años. Cortar la comunicación entre los dos vecinos es algo inimaginable.

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Incluso, de cierto modo, Trump y Peña Nieto se encuentran en un momento bajo en sus respectivas carreras políticas y no tienen mucho que perder.

La popularidad de Peña Nieto continúa en picada por los escándalos de corrupción e inseguridad. La campaña de Trump se está reestructurando pues la delantera de Hillary Clinton sólo crece en las últimas encuestas.

Son dos hombres –un presidente y un candidato— que buscan un empujón y cada uno en el otro ha encontrado una de sus oportunidades más remotas.