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Los mexicanos siguen envejeciendo y las familias están teniendo menos hijos que antes. Mientras tanto, las ciudades no se están diseñando y adaptando para atender las necesidades de una población cada vez más ruca.

“Los jardines no son adecuados para las personas mayores, no hay accesibilidad a los servicios o a los parques y banquetas”, me platica María de los Ángeles, una chilanga de 75 años de edad que forma parte del comité sectorial de Derechos Humanos de las Personas Mayores en la Ciudad de México. “Imagínate subirte al autobús o al metro como una persona mayor. No lo podemos hacer. Nuestra ciudad no está hecha para las personas mayores”.

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A pesar de que ya existen iniciativas en América Latina para adecuar las ciudades para las personas de la tercera edad, México no ha tomado pasos concretos para mejorar el acceso a los servicios públicos. La Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores fue ratificada por varios países el 15 de junio de 2015, pero México aún no ha firmado el convenio.

“Si vas por todas las calles de la ciudad, vas a ver que las ciudades están hechas por una población con un cuerpo en mente: sin discapacidades”, opina Fabiola Olea, profesora de la facultad de Trabajo Social en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). “Existen incentivos para diseñar edificios accesibles para personas con discapacidades, pero no hay leyes que requieren un diseño accesible para todos los cuerpos”.

Hasta hace poco se instalaron rampas en algunas banquetas para el acceso a personas en sillas de ruedas. Sin embargo, varias no cuentan con pasamanos. Algunos semáforos tampoco dan suficiente tiempo para que las personas descapacitadas o que caminan más despacio por la edad puedan cruzar las calles. El transporte público en su mayoría tampoco incluye rampas para que la gente se pueda subir sin problema a los autobuses.

Muchos se quejan que la gente de la tercera edad es una población invisible.

“Lo que no se ve no se respeta”, dice María de los Ángeles. “Se debe sensibilizar y concientizar a la gente desde la primaria de que las personas mayores son una población grande que se necesita cuidar”.

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“Se tiene que adecuar la infraestructura y las políticas públicas que no están hechas para las personas mayores. Vamos a ser más adultos que jóvenes en el futuro”, subraya de los Ángeles.