Newyorktimes.com

Una historia publicada por el diario The New York Times sobre un grupo de inmigrantes indocumentados en la Universidad de California en Merced ha generado mucha polémica ya que el artículo revela algunos de los números de dormitorio de los estudiantes. Los críticos afirman que la publicación de estos números pone en riesgo a los jóvenes indocumentados.

El artículo “Creando un espacio seguro para los Dreamers de California” escrito por la periodista Patricia Leigh Brown fue publicado en el diario impreso del domingo pasado y lleva en el sitio web desde el 3 de febrero. Los números de los dormitorios no han sido removidos del artículo.

Advertisement

El artículo habla sobre un programa creado por UC Merced que ofrece apoyo integral a los estudiantes universitarios de primera generación y escasos recursos — algunos de los cuales son indocumentados.

La periodista describe a los estudiantes como las personas que “crecieron durmiendo en el piso de la sala para que se puedan rentar las otras habitaciones, o que aprendieron a tallar las suelas de sus zapatos con ajo para repeler a las víboras al cruzar el desierto”. El artículo incluye muchas más anécdotas de las vidas de los estudiantes antes de llegar a Estados Unidos.

Un administrador de UC Merced me dijo que los estudiantes aceptaron hacer las entrevistas y dieron permiso para publicar sus fotografías, e incluso le dijeron a la periodista dónde viven. Sin embargo, los estudiantes afirman que nunca aceptaron que se publicaran las direcciones exactas de sus dormitorios en el periódico.

Advertisement

Advertisement

“Nuestros estudiantes están decepcionados de que su información personal se publicó en el artículo, pero ellos son fuertes y creen que algo bueno saldrá de esto”, me dijo Alejandro S. Delgadillo, un director adjunto que trabaja con los estudiantes en el Centro Para Éxito Calvin E. Bright de UC Merced.

Envié múltiples correos electrónicos para platicar con los estudiantes cuyos números de dormitorio fueron publicados. No obtuve respuesta, tampoco de The New York Times o Patricia Leigh Brown.

La guía de estilo del diario recomienda que no se publiquen los domicilios de las personas: “Cuando se escribe de alguien que tiene familia que podría ser sujeta a acoso o daño, considera usar una referencia general sobre la zona. Si una dirección exacta es de interés periodístico por un crimen u otro evento notable, considera cuidadosamente el daño potencial antes de publicarlo”.

Esta misma sección del manual fue citada por Liz Spayd, una editora del The New York Times, en su propio artículo sobre la polémica.

“Cuando los periodistas están escribiendo sobre individuos privados normalmente no publican el domicilio exacto de la persona”, Spayd subrayó en su artículo. “Para empezar, usualmente es irrelevante para el artículo, y aún más importante, anunciar el domicilio de cualquier persona puede ser peligroso”.

La periodista Patricia Leigh Brown le dijo a Spayd que lamenta haber publicado los números de los dormitorios: “En retrospectiva, entendiendo que los números de los dormitorios han causado dolor e inquietud, yo, claramente, no los hubiera usado. Le di la opción a los estudiantes de no usar sus nombres completos (ninguno de ellos lo aceptó) y les pregunté sobre los números de sus cuartos, incluso revisé dos veces con algunos”.

Advertisement

Advertisement

Pero otro editor del periódico, Jane Karr, defendió la decisión argumentando que publicar este tipo de información no representa ningún peligro para los estudiantes.

“El tener el número de cuarto no te da más acceso a los estudiantes”, le dijo a Spayd. “Es un edificio seguro”.

Pero publicar la dirección de cualquier persona en el segundo periódico más importante del país puede invitar al acoso.

Advertisement

Donald Trump está cumpliendo con muchas de las promesas de su campaña presidencial, incluyendo la construcción de un muro en la frontera con México y varias órdenes ejecutivas en materia de migración.

“Al compartir los números de los dormitorios, pisos y cuartos de estos estudiantes, la Srta. Brown ha proporcionado sus ubicaciones exactas y los ha dejado vulnerables ante el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos o la violencia de nacionalistas radicales listos para expulsar a todos los inmigrantes indocumentados de  Estados Unidos”, me dijo un representante de Define American, la organización de medios que estableció el periodista ganador del pulitzer José Antonio Vargas.

"Cuando alguien te comparte su narrativa personal, los periodistas tienen que ser conscientes y cuidadosos con la historia"

Advertisement

Advertisement

Ha crecido el número de jóvenes inmigrantes que se declaran públicamente “indocumentados y sin miedo” desde que el DREAM Act se presentó ante el congreso estadounidense en 2001. Han calculado los riesgos de compartir sus historias pero esperan que los políticos y votantes reflexionen sobre cómo sería crecer en un país donde no tienen un permiso permanente para vivir o trabajar.

Han compartido sus historias sabiendo que cuentan con el apoyo de los activistas y que pueden estar a salvo en sus casas.

“Para compartir las historias de lucha y sacrificio de estos estudiantes y –al mismo tiempo– difundir la única pieza de información que podría anularlo todo es inaceptable”, me dijo el representante de Define American.

Advertisement

Un mensaje que ha sido difundido a través de Facebook asegura que algunos de los estudiantes que salieron en el artículo tuvieron que cambiarse de dormitorio. UC Merced no negó ni confirmó está información.

“Entiendo que los periodistas necesitan plasmar una historia descriptiva pero publicar la dirección del dormitorio de alguien en la era Trump es irresponsable”, me dijo Julio Salgado, un artista que colaboró en la creación de la plataforma de medios DreamersAdrift.

Advertisement

Advertisement

Salgado también publicó un mensaje en Facebook pidiéndole a sus seguidores que le escriban a Brown para que quite los números de los dormitorios de su artículo.

“Estamos en una era diferente”, dijo Salgado. “Cuando alguien comparte su narrativa personal, los periodistas tienen que ser conscientes y cuidadosos con la historia”.

A pesar de todo, los estudiantes de UC Merced tienen esperanza de que algo bueno saldrá de todo esto.

Advertisement

Delgadillo, el director adjunto en UC Merced, dijo que los estudiantes esperan “que habrá inmigrantes jóvenes que lean sus historias y los inspire a perseguir sus propios sueños”.