AP

Tal vez muy poca gente se acuerda, pero hubo un tiempo en que muchos consideraban a Estados Unidos como un ejemplo de la democracia liberal en el continente americano.

En los años antes de Trump, mucha gente en América Latina– una región que ha soportado el caos, la revolución y los gobiernos autoritarios –veía a Estados Unidos como un ejemplo de estabilidad, libertad y estado de derecho. A pesar de inclinarse por el intervencionismo y el imperialismo económico, Estados Unidos tiene más de 200 años de experiencia como una democracia representativa—es todo un récord para las Américas.

Pero Donald Trump entró a la Casa Blanca y cambió todo.

Las acciones de Trump parecen las de un autócrata que gobierna su país como una república bananera. En sus primeros 100 días, el nuevo presidente insulta a los medios, amenaza a los que se oponen a sus políticas, ataca a jueces, se pelea con los líderes de los sindicatos, ha intentado prohibir la entrada de inmigrantes a Estados Unidos, firma decretos como si fuera un rey y despide a los funcionarios que investigan sus supuestas conexiones con Rusia.

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“Estados Unidos bajo Trump está mostrando señales de ser cada vez más una democracia no liberal, y los autócratas podrían sentirse empoderados por la idea de que Estados Unidos simplemente no le importan sus protecciones y garantías”, me dijo Michael Shifter, presidente del Inter-American Dialogue, un think tank en Washington D.C.

Shifter afirma que de hecho muy poca gente en América Latina alguna vez consideró a Estados Unidos como un buen ejemplo de democracia. Subraya que más bien lo veían como “hipócrita” y un “poder paternalista arriba en el norte”.

Sin embargo, señaló que “Estados Unidos está perdiendo la credibilidad que alguna vez tuvo en cuestiones de democracia”.

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La imagen del Tío Sam sufrió otro golpe el martes, cuando Trump despidió a James Comey, el director del FBI – una decisión que hace a Estados Unidos verse como Nicaragua, según Mike Hayden, el ex jefe de la CIA. “Tras despedir a tres funcionarios de alto perfil en tan poco tiempo, esto se está comenzando a sentir un poco como Nicaragua”, escribió Hayden en un artículo publicado en el sitio web The Hill.

Algunos nicaragüenses afirman que el mundo estaría mejor si Estados Unidos evita convertirse en una república bananera como el país centroamericano.

“La visión del poder de Trump no solo es un problema para la democracia estadounidense. También podría resultar en peores prácticas en Nicaragua”, advierte Gabriel Álvarez, un profesor de derecho constitucional en la Universidad Americana de Managua.

Álvarez dice que los líderes antidemocráticos como el presidente nicaragüense Daniel Ortega podrían estar observando las acciones de Trump y preguntándose: “Si el presidente de Estados Unidos puede hacer eso, ¿por qué yo no?”.

No es como si Ortega necesita idear razones para tomar sus decisiones. Ha sido un líder autoritario por mucho más tiempo que Trump, y lo hace mejor. Sin embargo, los líderes antidemocráticos ahora tienen un nuevo compa. El Señor Trump.

“Trump es un problema para los países con una democracia deficiente”, me dijo Álvarez. “Los mandatarios están observando a Estados Unidos y pensando que sus propios gobiernos ya no parecen tanto dictaduras como afirman los críticos”.

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Lo que se puede aprender de Trump es que “un dictador puede hacer lo que quiera dentro del marco de una supuesta democracia”, subrayó Álvarez.

Sin embargo, Álvarez dice que hay una diferencia importante. Estados Unidos tiene instituciones mucho más fuertes y un balance de poderes que le prohíbe a Trump concentrar su poder como muchos de los otros líderes autoritarios de América Latina.

“Trump todavía no puede hacer lo que Ortega ha hecho en Nicaragua”, afirma el profesor. “Pero no por falta de intentar”.

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No todos los nicaragüenses están de acuerdo con la comparación del ex jefe de la CIA.

“Es incomparable–la situación en Nicaragua es mucho peor”, me dijo Alberto Novoa, el ex Fiscal General de Nicaragua.

Novoa sabe lo que dice. Él fue nombrado procurador especial en 2001 para investigar los actos de corrupción durante el gobierno del Presidente Enrique Bolaños. Pero al igual que Comey, lo despidieron cuando su investigación comenzó a dar frutos.

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A pesar de saber cómo se sintió Comey cuando lo despidieron, Novoa dice que a Estados Unidos todavía le falta mucho para llegar al nivel de Nicaragua.

“Ni siquiera han empezado”, me dijo riéndose.

Trump tampoco.