Captura de pantalla de video de animación de 68 Voces.

Cuando el abuelo de Gabriela Badillo murió en 2013, la joven mexicana se percató de que una parte de la historia de su familia se fue con él. Don Efraín era su último familiar que hablaba el idioma maya yucateco.

Sin embargo, Badillo decidió mantener el legado de su abuelo mediante 68 Voces, un proyecto que intenta preservar 68 idiomas indígenas en México con la ayuda de cortos de animación. Hasta la fecha, Badillo ha creado y publicado 35 videos contando las historias de los pueblos indígenas.

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“Lo que busca el proyecto es fomentar el orgullo de ser parte de una comunidad, y el respeto y el uso de las lenguas”, me dijo Badillo en entrevista telefónica.

Badillo, una diseñadora gráfica con raíces indígenas, fundó el proyecto al darse cuenta de que muchos mexicanos se avergüenzan de hablar en su idioma nativo. La joven quería romper con los estigmas.

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Recibió la Beca Coinversiones del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes para crear su proyecto de animación. Subraya que la animación es uno de los mejores medios para difundir mensajes sociales.

“Creo que es un gran medio de comunicación contemporáneo para poder llegar a distintos grupos”, me dijo Badillo.

La joven trabaja con El Instituto Nacional de Lenguas Indígenas para crear los videos. El organismo le ayuda a investigar las historias de las comunidades indígenas para escribir los guiones. Unas 10 personas, incluyendo traductores e ilustradores, colaboran para producir un corto de animación.

Los idiomas nativos están olvidándose cada vez más y con ellos se pierde la cultura y tradición. Actualmente 6.5% de la población mexicana habla un idioma indígena, según estadísticas del INEGI. Badillo está tratando de revertir esa tendencia.

La joven asegura que 68 Voces ha tenido una buena recepción pero el impacto es difícil de medir. Sólo ha podido producir 35 videos por ahora. Actualmente está buscando más fondos para crear videos para las 33 lenguas indígenas que faltan.

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“[Cuando muere un idioma], pierdes una ventana a un universo, a un mundo. Pierdes la oportunidad de conocer el mundo de distinta manera”, me dijo Badillo.