Tim Rogers

AUSTIN, Texas‚ÄĒPara Zaira Garcia, la decisi√≥n que la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos tom√≥ sobre DAPA y DACA fue como una patada en el est√≥mago.

‚ÄúFue devastador‚ÄĚ me dijo por tel√©fono. Su voz se torn√≥ quebradiza y llorosa. ‚ÄúNi siquiera le he dicho a mis pap√°s. Ellos no saben‚ÄĚ.

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Zaira se enter√≥ del fallo de la corte el jueves por la ma√Īana. El voto dividido destruy√≥ su esperanza de que sus padres, migrantes mexicanos que llegaron a este pa√≠s sin documentos, puedan tener una estancia legal en los Estados Unidos bajo DAPA.

Zaira Garcia, quien es ciudadana estadounidense, reza todos los días para que sus padres puedan continuar viviendo en Estados Unidos.
Tim Rogers

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La familia de Zaira es una de millones de familias que por meses esperaron el fallo de los ocho jueces con mucha ansiedad, con la expectativa de que la corte emitiera un voto a favor de las acciones ejecutivas del Presidente Obama que buscan proteger a unos 5 millones de indocumentados contra la deportación.

Pero eso no sucedió. Cuatro de los magistrados le dieron un sí y los otros cuatro un no. El empate técnico en la corte bloqueó la iniciativa de Obama.

‚ÄúPuedes trabajar muy duro para llegar lejos en la vida, ¬ŅPero eso qu√© importa cuando lo puedes perder todo de un momento a otro?‚ÄĚ, me dijo Zaira, refiri√©ndose al miedo constante de que sus padres sean deportados. ‚ÄúTen√≠a f√© en el sistema, y nunca pens√© que esta ser√≠a la decisi√≥n. No es justo que millones de vidas se vean afectadas por esto‚ÄĚ.

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Zaira, quien naci√≥ en este pa√≠s, ten√≠a tan s√≥lo 12 a√Īos cuando descubri√≥ que su pap√° no ten√≠a derechos en este pa√≠s. A√ļn recuerda el momento exacto en el que se dio cuenta de esto y en su mente todav√≠a puede o√≠r las risas de los tejanos con botas de vaquero.

‚ÄúEl hombre ten√≠a una gran sonrisa en su cara, y me dijo ‚ÄėMira cari√Īo, dile a tu pap√° que cuando pueda hablar ingl√©s le voy a dar el resto de su dinero‚ÄĚ. Los otros hombres soltaron un carcajada. Zaira y su pap√° los miraron sin poder hacer nada.

Zaira le estaba traduciendo la conversaci√≥n a su padre, quien hab√≠a pasado las √ļltimas dos semanas instalando un piso de madera para un cliente norteamericano. El cliente estaba supuestamente contento con el trabajo del Sr. Garc√≠a. Sin embargo, cuando lleg√≥ el momento de que los vaqueros contratistas le pagaran, al cheque que le entregaron inclu√≠a menos de la mitad del dinero que le hab√≠an prometido. El Sr. Garc√≠a le pidi√≥ ayuda a su hija para preguntarle a los hombres sobre el dinero que faltaba.

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Zaira (izquierda) y sus hermanas Jenny, 20, y Rosie, 25, les gustaría que sus padres tuvieran DAPA y así poder publicar sus fotografías.
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Zaira, quien le había ayudado a su padre a encontrar trabajo escribiendo folletos en inglés, contestando el teléfono, negociando pagos y poniendo anuncios en internet, estaba más que lista para actuar como la traductora de su padre.

‚ÄúEstaba acostumbrada a traducirle las conversaciones a mi pap√°, as√≠ que sab√≠a hablar un poco como adulto‚ÄĚ, me dijo. Pero a√ļn no conoc√≠a la crueldad y el racismo de los adultos. Cuando los hombres se empezaron a re√≠r, sus sonrisas la incomodaron. Sinti√≥ un hoyo en el est√≥mago.

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‚ÄúMi pap√° entendi√≥ lo que hab√≠an dicho, pero me pidi√≥ que lo tradujera de todas maneras. Yo s√≥lo dije: ‚ÄėPapi, no te van a pagar. V√°monos‚Äô. Yo no quer√≠a humillar a mi pap√°, √©l es mi h√©roe. Y estos hombres estaban molestandonos. Regresamos a casa en silencio. Mi pap√° no habl√≥ por d√≠as‚ÄĚ.

Sin embargo, ese no fue el √ļnico insulto que tuvieron que soportar. El Sr. Garc√≠a, en un intento por ganar suficiente dinero para mantener a esposa y cuatro hijas, sigui√≥ tomando trabajos instalando pisos pero en varias ocasiones se negaron a pagarle.

‚ÄúYo s√© que tu pap√° no tiene documentos, no le tengo que pagar nada‚ÄĚ, otro hombre le dijo a Zaira.

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‚ÄúTodos estos momentos son muy dolorosos. Sientes impotencia pero no puedes hacer nada al respecto. Te tienes que aguantar, porque cuando eres indocumentado en este pa√≠s no tienes derecho a tener derechos‚ÄĚ.

Las Garcia dicen que se sienten culpables de tener derechos mientras que sus padres deben permanecer en el anonimato.
Tim Rogers

Zaira y sus tres hermanas sienten una profunda tristeza por la injusticia e inestabilidad que deben enfrentar todos los día simplemente porque sus padres tienen un estatus migratorio diferente.

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Ellas son ciudadanas americanas por nacimiento, pero sus pap√°s son vistos como criminales de segunda clase que pueden ser arrestados y deportados en cualquier momento.

Zaira dice que sus papás tuvieron que dejar todo atrás, desde sus familias en México hasta sus derechos como ciudadanos, para venir a Estados Unidos en busca de una vida mejor. Buscaban una vida que les permitiera darle a sus hijas una educación universitaria y oportunidades que simplemente no existen en Guerrero, un estado al sur de México que se encuentra devastado por la guerra contra el narcotráfico.

El Sr. Garc√≠a sabe lo que se siente perder todo. Lo arrestaron en una redada y lo deportaron a M√©xico en 1995. Zaira y sus hermanas eran muy peque√Īas, pero lo ‚Äúrecuerdan como un sue√Īo‚ÄĚ, m√°s bien como una pesadilla donde su padre no regres√≥ para pasar la Navidad con ellas.

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El Sr. Garcia en su casa con sus hijas.
Tim Rogers

Garc√≠a regres√≥ a los Estados Unidos semanas despu√©s, a pesar del peligro que esto implica. El castigo por volver a entrar al pa√≠s sin documentos puede ser de hasta 25 a√Īos de c√°rcel. Eso significa que la pr√≥xima vez que √©l sea detenido con su licencia de conducir expirada (no ha podido renovarla por los nuevos requisitos que son m√°s estrictos) su vida y la de su familia podr√≠an dar un giro dram√°tico.

‚ÄúEse miedo nunca nos lo podemos quitar. Si mi pap√° va a comprar leche, no sabemos lo que le puede pasar. No sabemos si algo peque√Īo se va a convertir en algo grande‚ÄĚ, me dice Zaira mientras su mam√° le da un pa√Īuelo para que se limpie las l√°grimas. ‚ÄúSi yo me paso un sem√°foro, pago una multa. Si mi pap√° se pasa un sem√°foro, nuestras vidas pueden cambiar para siempre. El es la base de esta familia ¬ŅQu√© ser√≠a de nosotros sin √©l?‚ÄĚ

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La vulnerabilidad de sus padres ha infundido en Zaira algo parecido al síndrome del sobreviviente.

‚ÄúMe siento culpable por tener derechos b√°sicos mientras que mis padres, que son todo para m√≠, no tienen derechos. Todo lo que tenemos ‚ÄĒesta casa, nuestra educaci√≥n, nuestras vidas aqu√≠‚ÄĒ son todo gracias a su trabajo y sacrificio, y ni siquiera tienen el derecho de disfrutarlo y vivir felizmente‚ÄĚ.

El Sr. Garc√≠a, a√ļn decepcionado por el fallo de la corte suprema, me dice que mantendr√° a su familia unida, incluso cuando la ley intente separarlos.

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‚ÄúLo que he aprendido es que cuando uno quiere hacer algo, nada lo detiene. y cuando superas obst√°culos, valoras la vida mucho m√°s‚ÄĚ, dijo Garc√≠a. ‚ÄúVivimos cada d√≠a como si fuera el √ļltimo. Y siempre estaremos juntos‚ÄĚ.