AP

No es usual que el presidente de un país pida perdón. Las veces que hemos visto que algo así suceda es porque realmente hicieron algo muy grave.

Porque lo común es que los mandatarios abusen del poder, lleguen a acuerdos inconfesables, ordenen medidas secretas, hagan trampas a escondidas y cometan delitos.

Las más de las veces logran hacerlo en sigilo. Las menos, son descubiertos y denunciados, pero logran zafarse del problema. Y es raro, muy raro, rarísimo que se vean sin otra salida que la disculpa.

A Enrique Peña Nieto, el presidente de México, le tomó año y medio darse cuenta. Y rendirse.

El pasado 18 de julio el líder mexicano promulgó las leyes del Nuevo Sistema Nacional Anticorrupción aprobadas por el Congreso. Son una serie de medidas encaminadas a contener actos de ese tipo dentro del gobierno y a sancionar a quienes los practiquen.

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Durante el acto oficial de la publicación, en el Palacio Nacional, la sede del Poder Ejecutivo, el presidente tomó el micrófono para lo que se esperaba sería uno más de sus discursos. En minutos se volvió la noticia más importante del día.

Peña pedía perdón a la población por el escándalo de “La Casa Blanca”, una revelación periodística en la que se conoció que el mandatario y su familia vivían en una mansión ubicada en una de las zonas de mayor lujo en la capital del país, comprada a una empresa contratista millonaria del gobierno federal cuyo dueño es gran amigo del mandatario.

Un conflicto de interés indudable.

A un año y medio de distancia, Peña Nieto reconocía, por segunda vez y de forma más directa, haber sentido la indignación del pueblo de México, pero ¿eso basta?

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No.

El enojo de los mexicanos o de cualquier pueblo irritado por un escándalo como ese no se mitiga con perdón tardío, ni siquiera con devolver la casa, como lo hizo Peña Nieto apenas hace unas semanas. El enojo de los mexicanos habría pasado a la calma si el presidente hubiera permitido una investigación externa sobre la compra-venta de “La Casa Blanca” y no a través de un fiscal designado por él mismo, como sucedió, y con una suerte de “investígame, pero soy inocente” anicipado.

El enojo de los mexicanos habría amainado si el presidente hubiera dado el mensaje de Palacio Nacional cuando surgió el escándalo, formarse de la respuesta rápida no es una virtud del peñanietismo. El ejemplo más claro es la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, en el estado mexicano de Guerrero, caso que el gobierno federal demoró diez días en atender.

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México está ahogado en la corrupción como nunca antes. Salpica por todos lados. El presidente, varios de su gabinete, gobernadores con mansiones, alcaldes con las jugosas ganancias por los trámites para abrir un simple negocio en la ciudad; o los partidos políticos que hacen lo que quieren con los recursos públicos. Es la totalidad del sistema, incluídos grandes y pequeños empresarios y ciudadanos de a pie que entregan dinero a un policía con tal de no pagar una multa cuatro veces más cara.

¿Una solución?

Soy de los que piensa que el ejemplo debe venir de arriba.

El Sistema Nacional Anticorrupción parece ser un primer paso a pesar de todas las dificultades que enfrentó para su creación. El Presidente, su partido y la oposición pospusieron lo más que pudieron la discusión. Los legisladores intentaron lo más que pudieron adelgazarla y cobraron venganza para todo el que la apoyó.

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Aún así, para los expertos, el Sistema Nacional Anticorrupción quedó bastante bien armado, aunque con algunos espacios en blanco. Por ejemplo, las reglas para transparentar la riqueza de los políticos, para que se sepa quiénes de ellos pagan impuestos, para que queden abiertos sus conflictos de interés (el problema no es tener conflictos de interés, sino esconderlos).

Sin embargo, los escándalos continúan.

Un reportaje de The Guardian esta semana expuso otro posible conflicto de interés entre la primera dama y un "potencial" contratista del gobierno mexicano. Presidencia criticó la nota como más especulativa que veraz. Habrá que ver como se maneja este asunto.

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Opino que el presidente Peña Nieto ha demostrado de todas las formas posibles que no le interesa combatir la corrupción.

Le quedan dos años de gobierno a Peña Nieto y dos oportunidades para demostrar lo contrario: la nominación del encargado de la Secretaría de la Función Pública -oficina encargada de revistar la actuación de todo empleado del gobierno- y la nominación del encargado del Sistema Nacional Anticorrupción, la joya de la corona.

Carlos Loret de Mola es un periodista mexicano. Conduce el noticiero de Televisa Primero Noticias y es colaborador de Fusion en español.

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Carlos Loret de Mola is an award winning Mexican journalist and popular news anchor of Televisa’s “Primero Noticias.” He has served as a war correspondent in Afghanistan, Haiti, Egypt, Syria and Libya and writes for a number of news outlets on issues ranging from the drug war to international politics. Carlos has broken many influential stories about the operations that led to the capture of some of Mexico’s most wanted criminals. In 2001 he wrote the book "The Deal. Mexican economy trapped by drug trafficking." He is a frustrated chef, runner and guitar troubadour… but he keeps trying.