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Hay lecciones que nunca se aprenden, aunque pasen casi 500 aƱos. Bien le hubiera servido al presidente de MƩxico, Enrique PeƱa Nieto, haber leƭdo la historia de Moctezuma antes de invitar a Donald Trump a su casa. Ahora ya es demasiado tarde.

Mientras releĆ­a el extraordinario libro La VisiĆ³n De Los Vencidos, publicado por la UNAM, me pasĆ³ algo curioso. Cada vez que leĆ­a la palabra Moctezuma pensaba que PeƱa Nieto hubiera hecho lo mismo. Y cada vez que escuchaba a HernĆ”n CortĆ©s, me acordaba de Trump.

Cuando Moctezuma II se entera que los espaƱoles han arribado a las costas de Veracruz, tratĆ³ de asustarlos y les ā€œenviĆ³ todos cuantos pudo, los presagiadores, los magos (y) tambiĆ©n enviĆ³ guerreros, valientes, gente de mandoā€, segĆŗn sus informantes le contaron al misionero franciscano Bernardino de SahagĆŗn.

Eso no asustĆ³ a los espaƱoles que ya tenĆ­an la intenciĆ³n de llegar hasta la gran Tenochtitlan. Moctezuma, entonces, les enviĆ³ regalos: ā€œbanderas de oro, banderas de pluma de quetzal y collares de oroā€. Pero en lugar de regresar a sus navĆ­os, segĆŗn narra el libro, los espaƱoles ā€œestaban deleitĆ”ndose, levantaban el oroā€¦como que se les renovaba y se les iluminaba el corazĆ³n".

Moctezuma, que todavĆ­a creĆ­a que los espaƱoles eran dioses, se equivocĆ³; reavivĆ³ su curiosidad y deseo. Moctezuma, finalmente, se reĆŗne por primera vez con HernĆ”n Cortes un 8 de noviembre de 1519.

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En ese encuentro, con traducciĆ³n de la Malinche, Moctezuma le dice a CortĆ©s: ā€œSeƱor nuestroā€¦Has arribado a tu ciudad: MĆ©xico. AquĆ­ has venido a sentarte en tu trono.ā€ El conquistador espaƱol solo le responde: ā€œTenga confianza Moctezuma, que nada tema. Nosotros mucho lo amamos.ā€

(AquĆ­ el corazĆ³n me brincĆ³. ĀæAcaso Trump ā€“quien ha insultado en innumerables ocasiones a los inmigrantes mexicanos- no ha dicho tambiĆ©n que ama a MĆ©xico y a los mexicanos? CortĆ©s y Trump usaron la misma estrategia con los lĆ­deres de MĆ©xico; los llenan de halagos y luego los atrapan.)

Moctezuma, demostrando poca inteligencia y dominio, se llevĆ³ a CortĆ©s y a su comitiva a su casa, la Casa Real. El tlatoani habĆ­a metido al enemigo en su propio hogar. Una vez ahĆ­, los espaƱoles tomaron control de la situaciĆ³n, pusieron a Moctezuma bajo vigilancia, se apoderaron de sus riquezas y, disparando un caĆ±Ć³n, asustaron a la poblaciĆ³n.

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(Este incidente me recuerda tanto cuando PeƱa Nieto invitĆ³ a Trump a la casa presidencial de Los Pinos en agosto del 2016. Ya dentro, Trump tomĆ³ absoluto control de la conferencia de prensa y escogiĆ³ a los periodistas que iban a hacer las preguntas. El presidente PeƱa Nieto, sorprendido y asustado, no se atreviĆ³ a decirle en pĆŗblico que MĆ©xico no pagarĆ­a por el muro. Se convirtiĆ³ en cautivo de su invitado.)

Los habitantes de Tenochtitlan, mucho mĆ”s listos y perceptivos que su lĆ­der, se dieron cuenta de lo que estaba ocurriendo y se le rebelaron a Moctezuma y a sus captores. CortĆ©s, quien regresaba de un viaje, sacĆ³ a Moctezuma a un lugar alto para que le hablara y apaciguara a su pueblo. Pero ahĆ­ ā€œle trataron mal, llamĆ”ndole cobarde y enemigo de su patria.ā€ Moctezuma, aparentemente, muere por una piedra. ā€œDicen que uno de los indios le tirĆ³ una pedrada de la cuĆ”l muriĆ³ā€, escribiĆ³ Fernando de Alva Ixtlilxochitl, un historiador de la Nueva EspaƱa que tuvo abuelos indĆ­genas y espaƱoles.

(En esta Ć©poca la gente ya no expresa su descontento con sus lĆ­deres a pedradas sino que los destroza en Twitter, Facebook y en las encuestas.)

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PerdĆ³nenme las licencias histĆ³ricas que me estoy tomando. Entiendo que estamos hablando de dos perĆ­odos totalmente distintos. Pero son muy similares las actitudes serviles y dĆ©biles de Moctezuma y PeƱa Nieto ante una amenaza externa.

Lo menos que esperaban los mexicanos de sus lĆ­deres, en los siglos XVI y XXI, era un poco de dignidad ante las ofensas y amenazas del exterior. Toda resistencia siempre comienzan con una posiciĆ³n digna y con un rotundo NO. Pero Moctezuma y PeƱa Nieto nunca lo entendieron.

Claro que no podemos obligar a PeƱa Nieto a que lea algunos libros de historia de MĆ©xico. Pero ojalĆ” alguien se los leyera y luego le pasarĆ” un breve resumen para no repetir los mismos errores cinco siglos despuĆ©s. AsĆ­ Ć©l se hubiera ahorrado las crĆ­ticas y los tuitazosā€¦y MĆ©xico la vergĆ¼enza.