AP

No sé si han visto el cartucho de una bomba lacrimógena. Es del largo de dos manos juntas, metálico y comienza en una punta. Tiene cerca de dos centímetros de diámetro. La policía los suele tirar a un lugar vacío para esparcir el gas y ahuyentar a manifestantes. Bueno, uno de esos cartuchos fue disparado a corta distancia al pecho de Juan Pablo Pernalete en Caracas, Venezuela.

Juan Pablo ten√≠a 20 a√Īos y era un destacado basquetbolista. Hab√≠a competido en Brasil, Argentina y Chile. Su objetivo era ir a jugar a la NBA en Estados Unidos. Su cuarto estaba lleno de medallas y diplomas. Adem√°s, ten√≠a varios reconocimientos por su lucha en protecci√≥n al medio ambiente. Era de esos hijos que uno ve y sonr√≠e.

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Pero un miércoles por la tarde lo mataron.

Juan Pablo, al igual que en los √ļltimos dos meses, hab√≠a ido a una manifestaci√≥n contra la dictadura de Nicol√°s Maduro. Pero esta vez algo sali√≥ mal. As√≠ me lo cont√≥ Elvira, su madre. ‚ÄúJuan Pablo muere por una bomba (lacrim√≥gena) que le estrellaron en el coraz√≥n‚ÄĚ, me dijo entre sollozos. ‚ÄúPor eso muri√≥‚ÄĚ.

El gobierno dio una versi√≥n distinta. El diputado oficialista y portavoz del chavismo/madurismo, Diosdado Cabello, le llam√≥ ‚Äúterroristas‚ÄĚ y ‚Äúasesinos‚ÄĚ a los manifestantes que, como Juan Pablo, protestaban ese d√≠a por la Plaza Altamira en Caracas. Luego, en televisi√≥n, asegur√≥ que ‚Äúno estaba la Guardia Nacional ah√≠‚ÄĚ.

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Elvira brinca cuando le pongo un video con las declaraciones de Diosdado. Mi hijo ‚Äúno es un terrorista‚ÄĚ, me dice. ‚ÄúA nuestro hijo lo asesin√≥ un Guardia Nacional‚Ķ No acepto que nadie venga a manchar la memoria de mi hijo. Me lo asesinaron y este dolor nunca va a pasar. No hay derecho a quitarle la vida a un ser humano por querer un mejor pa√≠s‚ÄĚ.

En un asombroso acto de desaf√≠o -particularmente en un pa√≠s donde el m√°s m√≠nimo cuestionamiento a las pol√≠ticas oficiales es visto como traici√≥n- la Fiscal General, Luisa Ortega, se puso del lado de las v√≠ctimas: ‚ÄúDe acuerdo a nuestra investigaci√≥n la muerte del estudiante se produce por un shock cardiog√©nico por traumatismo cerrado del t√≥rax‚ÄĚ.

Traducción: Juan Pablo muere por una bomba lacrimógena dirigida a su pecho. Y solo la Guardia Nacional tiene ese tipo de bombas.

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Jos√© Gregorio, el padre de Juan Pablo, quiere ir m√°s all√° de saber la verdad. ‚ÄúLas investigaciones dan como cierto que a nuestro hijo lo mat√≥ un Guardia Nacional‚ÄĚ, me dijo. ‚ÄúQue asuman la responsabilidad respecto al hecho‚ÄĚ.

Ella: ‚ÄúNosotros ahora lo que queremos es justicia. La verdad sali√≥ por m√°s que traten de manipular‚ÄĚ.

La pregunta -la gran pregunta- en Venezuela es el desenlace. Tras m√°s de dos meses de protestas y decenas de muertos ¬Ņqu√© sigue? Por el momento parece imposible que las cosas regresen a una precaria normalidad. Nada es normal hoy en d√≠a en Venezuela.

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Por supuesto, un escenario es la caída de la dictadura; por la presión de las manifestaciones y el descontento popular, incluso entre chavistas, o por la media vuelta de los militares que no quieren seguir matando jóvenes. Pero otro escenario, posible y brutal, es una masacre de enormes proporciones -un día de luto, de esos que quedan en los libros de historia- y luego paz en base a balas.

Cuando un gobierno mata a los más jóvenes, esos mismos jóvenes se encargarán de cambiar a su gobierno. Los dos no caben en el mismo país. En la Venezuela que se imaginó Juan Pablo no caben Maduro, Diosdado y sus matones.

Cuando un pol√≠tico llega al poder suele venderles a sus ciudadanos una idea de pa√≠s. Lo hizo igual Donald Trump y Barack Obama que Fidel Castro y Hugo Ch√°vez. En el caso de Maduro no fue as√≠. Lo puso Ch√°vez de dedazo y su √ļnica promesa fue dejar las cosas como estaban. Pero no pudo. El pa√≠s se le fue de las manos.

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Ahora los venezolanos tiene una decisi√≥n muy f√°cil. ¬ŅCu√°l Venezuela prefieren, la de Maduro o la de Juan Pablo? Miles, millones quiz√°s, ya escogieron en las calles.

¬ŅEn qu√© termina esto Jos√© Gregorio? ‚ÄúEllos (los j√≥venes como Juan Pablo) est√°n luchando por sus ideales. Ellos son los due√Īos de su propio futuro. La historia les dar√° la raz√≥n‚ÄĚ. Elvira solo baja la cabeza y le oigo un suave ‚ÄúAm√©n‚ÄĚ.

Posdata. La entrevista por televisión con los padres de Juan Pablo Pernalete la pueden ver aquí:

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