AP

Para mis amigos colombianos, que no han tenido un solo día de paz en su vida.

"En esta guerra no hubo vencedores ni vencidos", dijo hace unos días Timochenko, uno de los líderes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Y lo primero que pensé fue: qué desperdicio de vidas y de tiempo.

Llevan 52 a√Īos en guerra y 220 mil muertos (seg√ļn el Centro¬† Nacional de Memoria Hist√≥rica) y ¬Ņhasta ahora se dan cuenta de que no sirvi√≥ para nada?

Pudieron haber parado la guerra al primer a√Īo, a los 10 o incluso cuando ya llevaban 40 a√Īos luchando. Pero siguieron peleando con la esperanza, supongo, de que en alg√ļn momento destrozar√≠an a su enemigo. No pas√≥.

En varios de mis viajes a Colombia durante las √ļltimas tres d√©cadas recuerdo haber regresado con la misma conclusi√≥n: los guerrilleros nunca le podr√°n ganar al ej√©rcito y los soldados tampoco podr√°n vencer a las guerrillas. Incluso en la √©poca de Alvaro Uribe -cuando con un alt√≠simo costo se redujo el n√ļmero de guerrilleros- los colombianos nunca estuvieron cerca del fin de la guerra.

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Por eso, ahora que la posibilidad de paz se acerca, espero que no la desperdicien. Los colombianos decidirán en un referéndum, el próximo dos de octubre, si ratifican los acuerdos de paz entre las guerrillas de las FARC y el gobierno del presidente Juan Manuel Santos. Es una oportunidad histórica y una de las mejores noticias que hemos tenido en América Latina.

"Después de la paz comienza lo difícil: la construcción de esa paz", dijo el presidente Santos hace poco ante Naciones Unidas. Tiene razón.

Lo m√°s f√°cil ser√≠a seguir peleando. Las inercias y los resentimientos est√°n bien aceitados. Los dos lados han mandado a pelear a sus ni√Īos y j√≥venes y esa es la f√≥rmula perfecta para transmitir el odio de generaci√≥n en generaci√≥n. ¬ŅQui√©n no quiere vengar la muerte de un hijo o una hija, de un padre, una madre o un hermano?

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Imposible ponerse en el lugar de un padre que perdi√≥ a su hijo o de los ni√Īos que crecieron solos por el secuestro de su madre. Estoy seguro que el dolor es insoportable, paralizante y que nunca desaparece por completo. Pero solo desear√≠a que casos como esos no se volvieran a repetir. Es todo. La paz les da esa oportunidad. La guerra no.

"¬ŅHay una manera de liberar a los seres humanos de la fatalidad de la guerra?", le pregunt√≥ una vez en una carta en 1932 el cient√≠fico Albert Einstein al doctor Sigmund Freud". ¬ŅC√≥mo es posible que las masas se dejen enardecer hasta llegar al delirio y la autodestrucci√≥n‚Ķ?"

La primera respuesta de Freud a Einstein, también en una carta, fue desalentadora. "En principio, pues, los conflictos de intereses entre los seres humanos se solucionan mediante el recurso a la violencia", escribió Freud. "Así sucede en todo el reino animal, del cual el hombre no habría de excluirse". Pero después nos da la solución a las guerras. "La violencia es vencida por la unión: el poder de los unidos representa ahora el derecho, que se opone a la violencia del individuo aislado", concluye Freud.

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Eso es precisamente lo que est√° pasando en Colombia. Es el poder de los unidos; es la uni√≥n de los enemigos que deciden dejar de serlo. Y ese acuerdo negociado en Cuba durante cuatro a√Īos entre los antiguos opositores da lugar a nuevas reglas.

La paz va a doler. Sí, sé que será repugnante que un asesino camine, impune, por las calles de Santa Marta o que un antiguo secuestrador viva a sólo cuadras de una de sus víctimas en Bogotá. Los crímenes contra la humanidad no prescriben y deben ser, siempre, procesados. Pero habrá otras violaciones a los derechos humanos, igual de trágicas para las víctimas o sus familiares, que no serán perseguidas bajo los acuerdos de paz o que se perderán en el olvido.

Al final, solo una comisión de la verdad, creada en un momento más propicio, podrá poner punto final a más de cinco décadas de abusos. Si la verdad es lo primero que se pierde en una guerra, solo la paz podrá regresar a Colombia el estado de ánimo necesario para ver hacia atrás, con calma y justicia.

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Me siguen resonando las palabras de Timochenko. Que en esta guerra entre hermanos y vecinos nadie gan√≥ y nadie perdi√≥. Cu√°ntas vidas perdidas en vano. Qu√© guerra tan in√ļtil y absurda.