AP

No soy enemigo de Donald Trump. Pero tampoco quiero ser su amigo. Les cuento por qué.

Soy un inmigrante y soy un periodista. Esas dos cosas me definen y marcan mi trabajo. Por eso, cuando Trump lanz√≥ su campa√Īa presidencial en junio del 2015 y le llam√≥ criminales y violadores a los inmigrantes mexicanos, yo sab√≠a que √©l estaba equivocado y hab√≠a que denunciarlo.

Trump criminaliz√≥ a los inmigrantes durante la campa√Īa y lo sigue haciendo en la Casa Blanca. Si uno escucha sus discursos -como el que dio al congreso la semana pasada- uno pudiera creer que todos los inmigrantes son "miembros de pandillas, narcotraficantes o criminales". Esas palabras us√≥.

Pero eso es falso. De hecho, los estadounidenses cometen, en promedio, m√°s cr√≠menes que los inmigrantes y terminan con m√°s frecuencia en la c√°rcel, seg√ļn un estudio del American Immigration Council. Hay muchos m√°s good hombres que "bad hombres" entre los inmigrantes de Estados Unidos.

Tambi√©n es mentira que los inmigrantes le quiten los trabajos a los estadounidenses y que sean una carga para la econom√≠a de Estados Unidos, como lo sugiere Trump. Los inmigrantes aportan mucho m√°s de lo que toman en servicios p√ļblicos; unos 54 mil millones de d√≥lares de ganancia neta desde 1994 al 2013 de acuerdo con la Academia Nacional de las Ciencias.

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Trump, que tanto se queja de las noticias falsas, es el rey del fake news por sus frecuentes mentiras sobre los indocumentados.

Ante las falsedades que dice Trump ¬Ņqu√© debemos hacer como reporteros?

Primero, estamos obligados a informar sobre la realidad como es, no como quisi√©ramos que fuera. Pero nuestro trabajo debe ir mucho m√°s all√° de la simple recolecci√≥n de datos. No somos grabadoras. (Bueno, ya nadie usa grabadoras. Me reh√ļso, entonces, a ser un celular que simplemente graba lo que otros dicen.)

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Nuestra principal función social como periodistas es cuestionar a los que tienen el poder. Y cuando alguien como Trump hace comentarios racistas y antiinmigrantes es preciso tomar una postura y denunciarlo.

Pero es imposible denunciar a políticos como Trump si estamos metidos en la cama con ellos. Tiene que haber una clara distancia entre el periodista y el político. Trump aparentemente cree que solo los periodistas que simpatizan con él o que son sus amiguitos pueden cubrir con imparcialidad su presidencia. Se vuelve a equivocar. Los periodistas independientes nunca quieren ser amigos de los presidentes.

Hay una palabra que define perfectamente nuestra función periodística:

Contrapoder.

Debemos siempre estar del otro lado del poder, independientemente de si un Demócrata o un Republicano está en la Casa Blanca.

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El principal estratega de Trump, Steve Bannon, dijo hace poco que la prensa es "el partido de oposici√≥n". Y Trump fue a√ļn m√°s lejos cuando dijo en un tuit que los medios de comunicaci√≥n "no eran enemigos de √©l sino del pueblo estadounidense". Trump tiene la piel muy delgada y no le gusta que lo critiquen. Pero no entiende que la labor de la prensa es, precisamente, hacerlo responsable de sus palabras y acciones. Debido a sus comentarios racistas, sexistas, xen√≥fobos y en contra de los musulmanes, mucha gente no respeta a Trump. Trump es, por lo tanto, un presidente que busca desesperadamente validaci√≥n y respeto. El respeto se gana no lo da ning√ļn puesto.

Si Trump ataca a la prensa y a la primera enmienda de la constitución, no me importa que me vea como su enemigo. (Yo, mientras tanto, seguiré defendiendo la libertad de prensa.) Si Trump ataca el sistema democrático y a los jueces, me tiene sin cuidado si cree que soy el enemigo. (Es falso que tres millones de indocumentados hayan votado en la pasada elección , como dijo el ahora presidente.) Y si Trump insiste en culpar falsamente a los inmigrantes y a los extranjeros de los principales problemas económicos y de seguridad nacional, me vale si me identifica como el enemigo. Ese es su problema. Yo solo estoy haciendo mi trabajo.

No se√Īor Trump, no soy enemigo de usted ni de su gobierno. Pero, la verdad, tampoco quiero ser su amigo.

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Posdata. Esta columna está basada en mi discurso durante la ceremonia de los premios Goldsmith en la universidad de Harvard. Aquí pueden ver parte del discurso.