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Hace un par de meses entrevist√©, en Riverside, California, a una mujer llamada Elvira. Nacida en el estado mexicano de Nayarit, Elvira lleg√≥ a Estados Unidos gracias a la ayuda de un primo. Dice que dej√≥ Arocha, el poblado en el sur nayarita donde creci√≥, porque se dio cuenta de que ah√≠ ‚Äúno hab√≠a futuro‚ÄĚ. Al principio limpi√≥ casas y cuid√≥ ni√Īos. Fueron meses muy complicados. Aunque quer√≠a hacerse de una nueva vida, le cost√≥ trabajo adaptarse a su nuevo pa√≠s. Le pesaba la posibilidad de cometer alguna falta que la obligara a regresar a M√©xico o, peor todav√≠a, la expusiera a una deportaci√≥n. M√°s que vivir, sobreviv√≠a. Todo cambi√≥ cuando se hizo de la residencia legal en Estados Unidos.

Para conseguirla, Elvira hizo lo que ella misma define como ‚Äúun sacrificio‚ÄĚ: decidi√≥ aceptar la propuesta matrimonial de un estadounidense que le explic√≥ que, de casarse, de inmediato se convertir√≠a en residente legal en Estados Unidos. Aunque ten√≠a solo diecisiete a√Īos, no lo pens√≥ dos veces y se cas√≥. No quer√≠a volver a la tierra que hab√≠a dejado y sab√≠a que no hab√≠a otra manera de establecerse con sosiego en Estados Unidos. El matrimonio dur√≥ poco y fue un infierno. Elvira dice haber sufrido meses de abuso sexual. A√ļn as√≠, no se arrepiente. La tarjeta de residente le despej√≥ el camino para construir una vida. ‚ÄúCuando tienes papeles se te abren muchas oportunidades, pero fue muy dif√≠cil‚ÄĚ, me dijo evocando un episodio claramente agridulce.

El de Elvira no es, ni de lejos, un caso √ļnico. A lo largo de varios a√Īos de entrevistar a mujeres como ella en el sur de California me he topado con diversas historias similares. Recuerdo, por ejemplo, a Josefina, una mujer de Jalisco que se cas√≥ con un hombre que ofreci√≥ ayudarla a traer a sus hijas a Estados Unidos. As√≠ lo hizo, gracias a la residencia legal que obtuvo al firmar el acta matrimonial. La uni√≥n tampoco dur√≥ mucho. El marido termin√≥ por hartarse de las hijas de Josefina y le dio a escoger: o ellas o yo. Josefina eligi√≥ a las ni√Īas.

Es imposible saber a primera vista si Elvira y Josefina se casaron desde el amor genuino o m√°s bien prefirieron aprovechar el socorrido recurso del matrimonio para hacerse de la residencia legal en un pa√≠s al que ansiaban pertenecer. Pero no est√°n solas. Alrededor de una cuarta parte del mill√≥n de ‚Äúgreen cards‚ÄĚ que emite el gobierno de Estados Unidos a√Īo con a√Īo son otorgadas a extranjeros que contraen matrimonio con estadounidenses.

¬ŅCu√°ntas de esas 250 mil tarjetas de residencia se conceden a personas cuya √ļnica motivaci√≥n es la afinidad emocional? Se calcula que el departamento de migraci√≥n s√≥lo rechaza el .001% de solicitudes por indicios de fraude, pero no es descabellado suponer que el n√ļmero es mucho mayor. A nadie deber√≠a sorprenderle que as√≠ fuera. Despu√©s de todo, aunque un fraude migratorio de este estilo es legalmente punible, tambi√©n es moralmente comprensible.

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Casos como el de Elvira y Josefina ocurren porque el sistema estadounidense es un laberinto de imposible soluci√≥n para la enorme mayor√≠a de los inmigrantes que aspiran a vivir en Estados Unidos. El camino legal es estrecho, oneroso y lleno de complicaciones. Hacerse de una visa de trabajo requiere de una empresa patrocinadora con la voluntad de gastar recursos y tiempo para concretar el proceso. Lo mismo ocurre con la residencia permanente por otras v√≠as que no sean el matrimonio; entrar en la famosa loter√≠a de la visa H-1B o convertirse en un adinerado inversionista. En la desesperaci√≥n de vivir entre las sombras, amenazados perennemente con la deportaci√≥n y el fin de un proyecto, ¬Ņa qui√©n sorprende que haya tanta gente que opte por fingir amor con tal de ganar una vida?

Incluso podríamos tener un caso de estos en el mismísimo ciclo electoral estadounidense.

De acuerdo con un reportaje de Univisi√≥n, un abogado de inmigraci√≥n que trabaj√≥ para la Organizaci√≥n Trump asegura que Melania Trump obtuvo una green card ‚Äúen base al matrimonio‚ÄĚ en el 2001 ‚ÄĒ cuatro a√Īos antes de casarse con el magnate de las bienes ra√≠ces. Sin embargo, en el 2005 Melania dijo en entrevista con CNN que Trump era su primer matrimonio.

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El abogado aparentemente se retractó y dijo que no tenía idea cuando y como Melania había obtenido su green card.

Flotan los rumores y las versiones contradictorias. Pero si se llegaran a confirmar los indicios de las discrepancias en el proceso para obtener la residencia legal en Estados Unidos, Melania Trump tendría una oportunidad histórica.

Despu√©s de aceptar la vergonzosa contradicci√≥n de haber denunciado a los inmigrantes indocumentados que no siguen ‚Äúlas reglas‚ÄĚ para normalizar su estado migratorio, la se√Īora Trump podr√≠a dejar de lado su hipocres√≠a para darle una lecci√≥n a su marido y al partido republicano. Podr√≠a encabezar una reforma profunda al sistema migratorio que la oblig√≥, en lo que pudo haber sido una decisi√≥n triste y dolorosa, a casarse con un hombre para obtener papeles. Al hablar con franqueza del callej√≥n sin salida que pudo suponer para ella la burocracia estadounidense, Melania Trump podr√≠a convertirse en adalid de los inmigrantes, la m√°s improbable de las figuras en el m√°s improbable de los a√Īos.

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Se vale so√Īar.

Le√≥n Krauze es un periodista y escritor mexicano. Conduce el noticiero de Univisi√≥n KMEX en Los √Āngeles y es colaborador de Fusion en espa√Īol.

A Mexican journalist and author. He's the main anchor for Univision's KMEX in Los Angeles.