Aún está por verse si México puede enfrentar a Donald Trump simplemente posicionado datos duros. Hay muchos que piensan que México debe contraatacarlo de manera directa. Sin embargo, al hacer esto, México podría caer en la trampa del presunto candidato republicano.

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"[Trump] espera recibir una respuesta del gobierno mexicano. Esto hace reaccionar a sus partidarios", advirtió Cid Wilson, el presidente y CEO de la Asociación Hispana de Responsabilidad Corporativa (HACR, por sus siglas en inglés). Wilson cree que lo mejor que puede hacer el gobierno mexicano es mantenerse alejado del tema y dejar a los méxico-americanos a cargo. "Los latinos tienen la posibilidad de votar", me dijo. "Esta es una batalla de ellos y seguramente la ganarán. Involucrar a un gobierno extranjero complicaría las cosas".

Cindy Nava, una méxico-americana DREAMer (se les llama soñadores a quienes llegaron a Estados Unidos de manera indocumentada siendo niños y están protegidos por las acciones ejecutivas de Obama) y estudiante de postgrado en la Universidad de Nuevo México, afirma que frenar el avance de Trump le corresponde fundamentalmente a la diáspora mexicana en Estados Unidos. Nava, quien ha sido insultada en las redes sociales innumerables veces por los simpatizantes de Trump con mensajes como "lárgate a tu país", dice que México puede aprender de la forma en la que AJC trabaja en conjunto con la comunidad judía en Estados Unidos. "Es crucial que [los consulados mexicanos] trabajen con nosotros. Este es nuestro propio país, sabemos cómo funcionan las cosas; pero no dejamos de tener una conexión profunda con México. Creo que podemos ser grandes aliados, grandes estrategas."

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Nava aún considera que el gobierno mexicano necesita responder cada vez que Trump emita uno de sus ataques racistas contra México. "Si no reaccionan, el fenómeno Trump se va a convertir en una realidad. No quiero decir que tengo miedo de que gane, pero es una realidad. Es el candidato republicano. El gobierno mexicano debería hacerse escuchar”.

El lobby mexicano


La amenaza Trump también está uniendo intereses empresariales. En el mes de marzo empresarios méxico-americanos, entre otros, se reunieron para registrar un lobby en Texas conocido como el Comité Americano de Asuntos Públicos de México (AMxPAC por sus siglas en inglés). Es decir, los empresarios están contratando cabilderos profesionales para que les ayuden a avanzar sus causas en Estados Unidos. De la mano de sus cabilderos, el grupo de empresarios mexicanos busca promover el libre comercio que permite que las comunidades de la frontera prosperen.

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"Estamos imitando lo que hacen los judíos", me dijo Eduardo Bravo, miembro de la mesa directiva de AMxPAC.

Mientras que el gobierno mexicano busca un modelo como el de AJC, el AMxPAC parece haber adoptado el modelo del Comité Estadounidense-Israelí de Asuntos Públicos (AIPAC, por sus siglas en inglés), un poderoso lobby que generó controversia recientemente por retar al gobierno de Obama en su política hacia Israel.

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Bravo dice que el lobby de asuntos mexicanos se creó para abordar dos temas principales: primero, el éxodo de empresarios mexicanos que huyeron del país por la inseguridad generada por el narcotráfico en los estados fronterizos y segundo,  Donald Trump.

"Tenemos que agradecerle a Trump por unir a los mexicanos y a los méxico- americanos", me dijo. "Debemos agradecerle también por poner a México hasta arriba de la agenda".

Pero, ¿Qué pasaría si Trump llega a la presidencia? Por ahora la estrategia es lidiar con Trump como candidato, pero no Trump en la Casa Blanca.

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El AMxPAC asegura que su misión es promover la relación de México con Estados Unidos, sin importar quién sea el presidente.

"Esto va más allá de Trump", me dijo Antonio Maldonado, el presidente de AMxPAC. "No creamos el AMxPAC con el fin de atacar a Trump, no es un comité de acción política. El objetivo es mejorar la relación bilateral. Si Trump gana la presidencia tendremos que trabajar con él".

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En conclusión, la diplomacia mexicana está aprendiendo del lobby más antiguo y efectivo en Estados Unidos y gracias a Trump, la diáspora mexicana, especialmente los empresarios, están haciendo causa común por México.

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