Foto: Jorge Rivas/Splinter

Mar√≠a Teresa Rivera fue detenida en El Salvador en el a√Īo 2011. Fue acusada de haber tenido un aborto y la sentenciaron a 40 a√Īos de c√°rcel por tal homicidio agravado. Rivera dice que fue un aborto espont√°neo y que ni sab√≠a que estaba embarazada. Un equipo de abogados lograron liberarla, pero no antes de que pasara cuatro a√Īos y medio en la c√°rcel. Huy√≥ del pa√≠s cuando un procurador apel√≥ la decisi√≥n del juez en una instancia m√°s alta.

El 20 de marzo, la Agencia Migratoria de Suecia le otorg√≥ asilo pol√≠tico a Rivera y a su hijo de doce a√Īos. Se cree que es la primera persona en todo el mundo que ha recibido asilo por ser perseguida por aborto.

Splinter tuvo una conversación con María Teresa Rivera en su nueva casa en Estocolmo en junio. La entrevista ha sido traducida para este artículo.


Esta pesadilla empez√≥ en noviembre de 2011 en San Salvador, El Salvador. Fue la noche antes de la graduaci√≥n de primaria de mi hijo y me fui a dormir muy tarde despu√©s de preparar comida y planchar su ropa. Unas horas despu√©s, me despert√© con calambres en mi est√≥mago. Fui al ba√Īo porque necesitaba hacer pop√≥. Recuerdo sentir algo caer en mi est√≥mago. Cuando fui a limpiarme, me di cuenta que hab√≠a sangrando. Regres√© a la casa y mi suegra llam√≥ a la ambulancia para que me ayudaran. Estuve perdiendo sangre y tom√≥ tanto tiempo llegar al hospital que me desmay√©. No me acuerdo de nada m√°s despu√©s de eso.

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Jorge Rivas/Splinter

Cuando me desperté en el hospital, los policías ya estaban de guardia en mi cuarto. Los policías me preguntaron dónde estaba mi hijo. Estaba confundida porque no sabía de qué hablaban. Me estaban acusando de matar a mi hijo. Luego me di cuenta de que me estaban acusando de haber tenido un aborto. El Salvador es uno de los seis países en el mundo que han prohibido cualquier tipo de aborto.

No supe que estaba embarazada. Seguía menstruando y mi estómago no creció. Le dije a los policías que no había matado a nadie.

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Los agentes me dijeron que me iban a arrestar por un homicidio y me esposaron a la cama para que no me pudiera escapar. Les pedí que tomasen mi sangre y que hicieran todos los exámenes necesarios. Pero los doctores no hicieron eso. No existe ahora ninguna evidencia científica.

Estaba en la cárcel al día siguiente. Todavía estaba convaleciente. Habían tantas mujeres en mi celda que solo podíamos estar paradas. Estaba tan llena, que tomábamos turnos para dormir en el piso. Aunque todas permanecían paradas más horas para que yo me pudiera quedar acostada. Las mujeres me cuidaron. Hasta compartieron su comida conmigo. La cárcel a la que me llevaron no daba comida, mi familia me la traía. Mi suegra, en particular, aunque nunca la recibía. Luego me transfirieron a una prisión.

Me perd√≠ la graduaci√≥n de mi hijo. Y luego los pr√≥ximos 4 a√Īos y medio de la vida de √©l.

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Le mencion√© a una compa√Īera del trabajo en enero de 2011 que estaba preocupada porque mi periodo menstrual se estaba tardando. Luego vino a dar testimonio en la corte para decir que yo sab√≠a que estaba embarazada. Pero el juez dijo que hab√≠a tenido el aborto en noviembre. Eso no tiene sentido porque eso hubiera significado que estuve embarazada 11 meses cuando tuve el aborto.

Siempre he dicho que si quería un aborto, no me hubiera esperado 11 meses. Ni tiene sentido que me condenen por estar embarazada por 11 meses.

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Me sentenciaron a 40 a√Īos en la c√°rcel por un homicidio que no comet√≠.

Cuando el juez me dio mi sentencia, sent√≠ como que ya fuera el fin de todo. La primera cosa que pens√© fue: ¬ŅCu√°ntos a√Īos va a tener mi hijo en 2052 cuando salga de la c√°rcel?‚ÄĚ Cont√© y me dije, ‚ÄúVa a tener 47 a√Īos y me va a odiar. Me va a culpar por no estar en su vida. Pens√© en todas las cosas que le podr√≠an pasar a mi hijo en ese tiempo. Fue muy dif√≠cil.


La verdad es que he tenido una vida muy dif√≠cil, pero eso es lo que me ha dado fuerza. Ten√≠a cinco a√Īos cuando mi mam√° desapareci√≥ durante la guerra civil en El Salvador. Nunca escuchamos de ella otra vez. Mi abuela me cri√≥ a m√≠ y a mi hermano y nos llevaba al trabajo con ella. Ayud√°bamos a limpiar las verduras en el mercado, y diferentes miembros de la familia tomaron el relevo en turnos cuando se enferm√≥. Yo ten√≠a ocho cuando me violaron de camino hacia la escuela. Ten√≠a que pasar por una calle oscura y mis t√≠as me culparon a m√≠. Mi hermano y yo luego quedamos en un orfanato para hijos de personas desaparecidas.

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María Teresa Rivera en un restaurante cerca de su nueva casa en Suecia. Jorge Rivas/Splinter

Nunca ve√≠a las noticias en la televisi√≥n, y mucho menos le√≠a el peri√≥dico. No quer√≠a llenar mi mente con m√°s historias tr√°gicas. He tenido que vivir con las m√≠as propias. Cuando entr√© a la c√°rcel, asum√≠ que yo era la √ļnica persona que estaba all√≠ por haber tenido un aborto o un aborto espont√°neo.

Sal√≠ en todas las noticias, las mujeres de la c√°rcel me reconoc√≠an. Result√≥ que hab√≠a muchas m√°s mujeres en detenci√≥n que hab√≠an sido acusadas de tener abortos. Unas ten√≠an sentencias de 30 a√Īos, otras fueron sentenciadas a 35 a√Īos. Pero yo hab√≠a recibido la sentencia m√°s fuerte. Fui la primera en recibir una sentencia de 40 a√Īos, por eso mi historia recibi√≥ atenci√≥n internacional.

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Solo se necesita que una persona te reconozca en la c√°rcel y luego se pasa la palabra. Los rumores se difunden.

Las mujeres en la c√°rcel me llamaban la ‚Äúmata ni√Īos‚ÄĚ. Me dec√≠an que me iban a matar como yo mat√© a mi hijo. Afortunadamente, nunca me atacaron f√≠sicamente; simplemente era estr√©s emocional.

Luego conoc√≠ a otras personas en la c√°rcel, algunas con tan solo 18 a√Īos de edad, que fueron detenidas por tener un aborto. Todas eran pobres. Las mujeres que tienen dinero le pagan a sus doctores privados para los procedimientos o se van a otro pa√≠s para el aborto.

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Las mujeres venían a mí y me decían que estaban ahí por un aborto. Tomaba sus nombres y se lo pasaba a mi abogado.

[Por lo menos 129 mujeres fueron condenadas por cr√≠menes relacionados al aborto en El Salvador entre 2000 y 2011, seg√ļn la Agrupaci√≥n Ciudadana por la Despenalizaci√≥n del Aborto, el grupo que ayud√≥ en el caso de Rivera. De todos estos casos, 23 fueron condenadas por tener un aborto ilegal; 26 fueron condenadas por homicidio. Por lo menos 21 mujeres en c√°rceles salvadore√Īas est√°n ah√≠ por cargos relacionados al aborto].

Conoc√≠ a estas mujeres durante mis cuatro a√Īos en la c√°rcel. Todas tenemos historias similares. Ven√≠amos de familias de obreros y √©ramos pobres. Algunas de ellas hab√≠an estudiado un poco. Otras mujeres fueron violadas. Hab√≠an casos de incesto y abortos espont√°neos.

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Todas vivimos esta experiencia dif√≠cil y nosotras somos las √ļnicas que sabemos c√≥mo nos sentimos.

Hicimos un pacto y nos prometimos que la primera que fuera liberada iba a ser una vocera para todo el grupo. √Čramos 11 de nosotras las que hicimos ese acuerdo. Todas pens√°bamos que la otra iba a ser la primera en ser liberada. Pero result√≥ que fui yo.

Ahora tengo esa responsabilidad y no puedo romper con esa promesa. No hablo de esto para que la gente sepa qui√©n soy‚ÄĒhablo para que la gente se entere de lo que est√° sucediendo. Mi promesa con estas mujeres que todav√≠a est√°n encarceladas es lo que ahora me da la fuerza para seguir adelante.

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Sent√≠ que estaba so√Īando cuando escuch√© que el juez iba a cambiar la decisi√≥n de mi caso.

El juez decidi√≥ que no hab√≠a suficientes evidencias para comprobar los cargos que se hab√≠an puesto contra mi. Anul√≥ la sentencia y orden√≥ que el Estado me pagara por el da√Īo de haberme mandado a la c√°rcel durante casi cinco a√Īos.

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Foto cortesía de: Jorge Menjívar/ Agrupación Ciudadana

La decisión del juez llegó a los periódicos otra vez, pero las historias ahora se enfocaron en que el fiscal iba a apelar la decisión. Uno de los periódicos más grandes incluyó detalles gráficos en la historia sobre la anulación. Dijeron que había cortado mi propio cordón umbilical, que saqué al bebé y que lo tiré a la letrina mientras todavía estaba vivo. Ni citaron al juez que me liberó.

Trat√© de empezar a trabajar inmediatamente pero luego me di cuenta de que en verdad no estaba libre. He tenido que trabajar desde que era una ni√Īita. Soy muy trabajadora y har√© lo que sea para cuidar a mi hijo. Nunca he tenido miedo de trabajar. Met√≠a mis manos al inodoro para limpiarlo cuando estaba en la c√°rcel. No tengo miedo a un trabajo honesto.

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Pero entraba a los negocios que tenían letreros anunciando que solicitaban trabajadores en sus ventanas y me miraban y decían que ya habían llenado el puesto. La gente me reconocía y no me querían contratar.

Me decía a mi misma que jamás hablaría con un periodista otra vez. Los medios de mi país usaban la historia en mi contra. Nunca publicaron algo a mi favor.


Me invitaron a dar un discurso en una conferencia en Estocolmo. Eso fue mi oportunidad para salir. Gente de Suecia que nunca hab√≠a conocido recaudaron dinero y pagaron por mi vuelo y el de mi hijo. Tambi√©n otros salvadore√Īos viviendo en Suecia.

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Tem√≠a que no me dejaran salir del pa√≠s porque el fiscal quer√≠a retomar mi caso de nuevo. Supe que hab√≠an anulado mi sentencia y me sent√≠ m√°s segura cuando ya recib√≠ mi pasaporte sin problemas. Pero todav√≠a me sent√≠a inquieta en el aeropuerto. Estuve temblando cuando escanearon mi pase de abordaje para subir al avi√≥n. Al final, no tuve ning√ļn problema para salir del pa√≠s.

El primer vuelo de mi vida era de El Salvador a Panam√°, de Panam√° a Amsterdam y de Amsterdam a Estocolmo. No sab√≠a nada sobre Suecia antes de llegar. La √ļnica cosa que entend√≠ fue que ten√≠a muchos lagos cuando vi un mapa.

Llegu√© a Estocolmo en octubre del a√Īo pasado y el d√≠a siguiente solicit√© asilo. Fueron muy amables conmigo. S√© que otras mujeres como yo han huido a Estados Unidos sin autorizaci√≥n. Algunas de ellas son indocumentadas o todav√≠a est√°n pasando por el proceso de asilo.

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Foto: Jorge Rivas/Splinter

Había una sensación de alivio cuando llegué aquí pero también ha sido muy difícil. No me puedo comunicar con muchas personas y solo tengo a mi hijo conmigo.

Vivo en viviendas para inmigrantes del gobierno sueco. Est√° en un pueblo rural que est√° a dos camiones y un tren de Estocolmo. Pero puedo caminar hasta un lago. Somos la √ļnica familia hispanohablante por ac√°. Sab√≠a que √≠bamos a batallar y tener que luchar para empezar nuestras vidas aqu√≠, pero hay veces en que siento que ni s√© por d√≥nde empezar.

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He conocido a otros salvadore√Īos que han recibido asilo aqu√≠. Muchos de ellos huyeron durante la guerra civil en los a√Īos 80 y los principios de los a√Īos 90, algunos hab√≠an perdido incluso extremidades durante la guerra. Han formado una comunidad aqu√≠ y me han apoyado, hasta me han invitado a unas pocas cenas.

Ahora estoy aprendiendo sueco cuando uso internet. Mi hijo ya ingres√≥ a la escuela y tambi√©n me ense√Īa unas palabras. No tenemos internet en la casa. Cuando puedo pagar para el servicio de un tel√©fono celular, usamos mi tel√©fono, pero hay veces en que tenemos que ir a los centros comerciales para conseguir wifi gratis y estar en l√≠nea. No puedo trabajar hasta que no reciba mi permiso de trabajo.

María Teresa Rivera en su nuevo hogar en Suecia. Foto: Jorge Rivas/Splinter

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Las personas que supieron que me venía a Suecia a través de grupos de activistas me han donado cosas. Mi vecino me regaló tener su televisión vieja. Es un padre soltero de Siria con tres hijas.

Tambi√©n he ido de compras sola de vez en cuando. Pas√© por una tienda y vi un letrero grand√≠simo cuando fui a la oficina de inmigraci√≥n. Mir√© a mi hijo y le dije, ‚Äúhay que entrar‚ÄĚ. Es un lugar que se llama Ikea. Ah√≠ compr√© mis trastes. Nunca hab√≠a escuchado de Ikea pero ve√≠a que la gente entraba y sal√≠a, entonces entr√© para ver lo que encontr√°bamos. La primera cosa que dije fue: ‚ÄúWow, est√° grande este lugar. No tenemos nada como esto en San Salvador‚ÄĚ. Pero ya sabes, la cosa m√°s importante para mi ahorita es el precio de todo.


Han pasado cinco a√Īos desde que el juez declar√≥ que fui culpable de un homicidio. Eso fue en julio de 2012 y todav√≠a sigue ocurriendo.

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[El 5 de julio, un juez salvadore√Īo sentenci√≥ a Evelyn Beatriz Hern√°ndez Cruz, una joven de 19 a√Īos de edad, a 30 a√Īos en la c√°rcel porque tuvo un beb√© nacido muerto en su ba√Īo. Estuba en su casa el 6 de abril de 2016 cuando sinti√≥ un dolor agudo en su est√≥mago y fue al ba√Īo. Luego se desmay√≥ y despert√≥ en un hospital. Los trabajadores del Hospital Nuestra Se√Īora de F√°tima en Cojutepeque la reportaron a la polic√≠a.

Los fiscales no pudieron presentar evidencia para determinar que el feto muri√≥ en el √ļtero o momentos despu√©s de que le dio luz, pero todav√≠a fue culpada por homicidio y condenada a 30 a√Īos en la c√°rcel].

Le he contado a mi hijo que quiero que √©l tambi√©n comparta su historia con periodistas cuando llegue el momento. Quiero que el mundo sepa lo que estas leyes y el estigma le est√° haciendo a las familias de estas mujeres. Ya no tengo miedo de hablar de esto. No me importa lo que la gente diga de mi. Voy a hablar de las vidas que las mujeres salvadore√Īas est√°n viviendo.

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Este artículo fue publicado originalmente en inglés.